En una calle poco concurrida, en la playa, en la consulta, en una carretera con muchas curvas, en otra sin curvas, debajo de un árbol, en un tejado, en el parque, o en el váter. En todas partes y nadie dice nada, simplemente los miramos y callamos, es común y no nos interesa. Sólo nos preocupan si molestan o si huelen mal, sólo en ese momento llamamos a alguien para que se los lleven a la basura y dejen de incordiar. Si no los conocíamos y a veces (demasiadas) aún conociéndolos de hace un tiempo. Cadáveres esparcidos por el mundo humano. Cadáveres pestilentes y asquerosos. Muertes súbitas y remates por pies de goma de dos toneladas. Da igual, ya está muerto rematemos y divirtámonos. A ese gato de la calle de atrás con el rabo cortado y la piel quemada; a ese pollo que se cayó del nido y no tuvo oportunidad, a ese perro que dejó de ser una carga; a ese pez que lo llevamos a nadar a la mierda. A ese galgo colgado, quemado, despellejado en vida y muerto para dos bocas malolientes y risueñas. A esas gallinas escaldadas tan ricas y llenas de nutrientes para tu jeta, a ese delfín degollado cuyo baile de la muerte nos divierte y nos hace sentir superiores; a ese toro ciego, con más agujeros en su cuerpo de los que la naturaleza le dio, matado, rematado y requetematado en vida con cuyo cuerpo muerto se hacen trofeos y chorradas; a esa tortuga cuyo caparazón sirvió de adorno para muchos y luego se le echó la culpa al mar por arrojarla a la arena. Ese pez que sin informarnos de cómo cuidar murió después de dos días insufribles en una bola de cristal diminuta poco comparable a un río, pero que al menos sirvió para ilusionar a un niño que no paraba de marearle con el dedo contaminado con quién sabe qué. A todos ellos, a todos los que mueren por culpa nuestra o por capricho quiero pedir perdón, a los que les quitamos su casa y a los que matamos para alimentarnos incesantemente y usamos su piel para vestirnos a la moda y obligamos a aportarnos lo que nos interesa quitándoles la vida o alargándoles el infierno. En nombre mío y de los que pensamos que una vida animal no es menos que una humana, quiero pedir perdón. De rodillas y sintiéndolo como la muerte más cercana. Algunos queremos que todo acabe pero es que somos tan jodidamente egoístas.
¿Piensas que son solo cuatro bichos?

