Zeppelin

Cosas que no vienen a cuento.

Tabaco

“Dejar de fumar es tremendamente fácil. ¡Yo lo he dejado ya como 30 veces!”
Bien sabido es que dejar el tabaco definitivamente es muy complicado. Para alguien que jamás ha fumado esto de dejarlo puede ser una tontería que se puede arreglar con un poquito de voluntad y ya.

El tabaco, como sabemos contiene nicotina que es altamente adictiva. La adicción nos manipula el cerebro como el parásito controla al caracol para que suba contra su voluntad a la cima de la planta para ser comido por su siguiente huésped, el pájaro. El problema en realidad no es dejarlo, sino que no volver a probarlo, ya que, dejar el tabaco, lo podemos dejar cuantas veces queramos, como bien enuncia la cita que abre este texto. Pero dejemos los matices lingüísticos que esto es bastante serio. Muchas personas han intentado dejar de fumar y han fracasado una y otra y otra vez. Han buscado ayuda y aun así, si lo logran han tenido que pasar por un duro proceso en el que hay mucho estrés debido a la constante guerra que se libra en la propia mente. Empezar a fumar definitivamente es jugar con fuego. Y nunca mejor dicho. A lo que voy aquí, es a contar mi experiencia con el tabaco. Y a contar cómo lo dejé, y el por qué estoy tan seguro de que no voy a volver a pesar de llevar sólo un mes y algo sin nicotina.Primero que todo he de describir mi perfil de fumador, que no tiene por que ser el mismo para todos los fumadores. Creo que es importante saber qué clase de fumador eres para poder dejarlo:
- Frecuencia: 4 a 10 cigarrillos diarios
- Tiempo: 7 años de fumador
- Edad actual: 21 años
- Después de observar mi propio comportamiento al intentar dejarlo sin más y mediante otros motivos menos agresivos, me di cuenta de que era fumador por que era adicto a la nicotina (no sé cuanto pero bastante), también por que me gustaba el simple hecho de fumar, y por que me agradaba tener algo en la mano y algo que llevarme a la boca de vez en cuando. Y echar humo y ver como se desvanecía, y también por que me daba un aire interesante. Y también por que a nadie parecía afectarle demasiado que yo lo hiciera. Y por que convertía cualquier actividad en algo divertido ya que al acabarla sabía que echaría un piti. Es como una filosofía de vida, en la que tienes que estar constantemente dándote gustito al cuerpo. Cuando no había tabaco pero si comida, utilizaba la comida como premio para cuando acabara lo que fuera que estuviese haciendo, y lo hacía, cual perro entrenado. En resumidas cuentas. Era fumador por que necesitaba echarme algo al cuerpo de vez en cuando para premiarme. Necesitaba “sentir” cosas físicas constantemente (“y en el baño no puede pasarse uno el día entero”). Así que sumemos a todo esto una novia insistente en el tema de dejarlo definitivamente. Et voilà. Os advierto que mi método no tiene por qué ser efectivo para nadie. Se me ocurrió a mi y de hecho puede incluso ser perjudicial para la salud. Yo lo cuento aquí como una experiencia, no como un cursillo para dejarlo. Advertidos estáis. Pensando y teniendo en cuenta la raíz del asunto. El porqué de la cuestión, que es esa necesidad de sentir cosas físicas constantemente. Me llevó a la conclusión de que podría quizá sustituir los pitillos por alguna otra cosa física que no me costara demasiado cara y que me hiciera un poco de daño (pensando fríamente e intentando emular al máximo los efectos que produce el tabaco en mi cuerpo) como daño hace a mi sistema respiratorio. Otro requisito importante era que sintiera el alivio. Pensé en el dolor. ¿Dolor punzante? ¡Quizá!, ¡por qué no! La acupuntura te puede ayudar a dejar de fumar de hecho. Pero no, ya tuve mi época rara en la que me atraían los filos y las puntas. ¿Y la gula? Era tentadora, y de hecho cuando me quedaba sin “pitis” recurría al chocolate. Pero no, necesitaba algo más novedoso y menos calorífico y más barato. La respuesta finalmente la encontré en la comida. Pero no en el exceso, sino en el defecto. Pasar hambre era el “castigo” físico que necesitaba para sustituir la nicotina. Y por una razón muy sencilla y lógica. El cuerpo necesita nutrirse, si no comes tienes la mente ocupada en el runruneo del estómago y no en el tabaco.

A mi me ha sido 99.9% efectivo. Y a medida que han ido pasando los días he podido ir comiendo un poquito más, pero nunca traspasando la barrera de simplemente dejar de tener hambre. Aproveché con esto apoyar una meta personal que estaba ya intentando llevar a cabo en cuanto a la alimentación. Estaba dejando la carne para ser vegetariano y respetar en lo posible a los animales y esto con mi nuevo “vicio” me sería más fácil. Primero me hice vegetariano. No se me había pasado por la mente lo de dejar definitivamente el tabaco la primera vez que me planteé hacerme “verde”. No había ninguna conexión entre ambos “venazos”. Pero cuando se encuentra una conexión entre dos cosas estas dos se hacen más fuertes, y con esto dejan de ser en mi caso un simple “venazo” que me ha dado. Tres o cuatro meses, quizá hasta cinco llevaba ya siendo un “come-hierbas”. Cuando mi chica me hizo saber que necesitaba que dejara el tabaco, que era más que una estúpida exigencia típica en las parejas. Era algo serio. Ella me quería muchísimo pero sinceramente no podría convivir con la eterna estela maloliente e insalubre le los malos humos de mi adorado vicio. No dándome a elegir entre ella y el tabaco. Al menos no directamente. Era libre de fumar si quería pero me advertía que no sabía si sería capaz de estar así eternamente. La miraba y veía que me lo pedían a gritos sus negros ojos y sobre todo su delicada nariz cuyo olfato es comparable al de Jean-Baptiste de Grenouille (El Perfume). El caso y yendo al grano, es que corté con mi delicado vicio y para soportarlo corté también en un principio con toda la comida. Los primeros días fueron duros. Pero lo eran más cuando no tenía otra cosa en qué pensar. Poco a poco después de un par de días a base de agua prácticamente empecé a comer un poco. Nunca llegando al punto de dejar de tener hambre, lograba exitosamente notar incluso que no había ni pizca de ganas de fumar. Creo que también ha ayudado a mi causa la nula ingesta de alimentos cárnicos que estaba llevando a cabo hacía unos meses, ya que, según he leído en numerosos sitios, hay estudios que, en resumidas cuentas, nos revelan que la carne nos hace tener un desorden en el centro del hambre del cerebro, alterándolo y anulando la sensación de estar satisfecho por el tiempo normal. Todo esto a mi (y a nadie mas que a mi) me ha venido de maravilla. Ha sido como colarse en un concierto sin tener que pasar por taquilla. He perdido los kilos que me sobraban, y mi resistencia ha aumentado notoriamente. (Me recorro todos los fines de semana Madrid de punta a punta a pie con mi perro). Estoy participando activamente en mis convicciones de acuerdo a los derechos de los animales no comiéndomelos, y he dejado de fumar. Pero sobre todo, he hecho feliz al amor de mi vida.