A partir del tercer trimestre, la leche puede no ser suficiente para garantizar el correcto crecimiento del niño. Los cereales infantiles son uno de los alimentes que se debe introducir en primer lugar. Veamos cuándo y de qué manera hay que ofrecérselos.
Ha llegado el momento del destete. Después de unos meses de tomar sólo leche, el bebé descubre un mundo nuevo; el de las papillas. Es muy importante ir acostumbrando al pequeño a los distintos sabores de forma gradual, sin prisas, y respetando sus preferencias. El organismo de un niño de pocos meses todavía es inmaduro. Por este motivo, una rápida introducción de alimentos sólidos le causaría problemas de digestión, así como posibles alergias, vómitos y diarreas. Los primeros tanteos se efectuarán alrededor del cuarto-sexto mes de vida, con la introducción de los cereales.
Cómo actuar? Los cereales son elementos fundamentales para la elaboración de las papillas de los niños gracias a sus múltiples nutrientes. Cada uno de sus granos está recubierto por una piel dura compuesta principalmente de celulosa, no digerible, pero que contiene vitaminas muy importantes para nuestro organismo, en especial las del grupo B.
El grano contenido en el interior está formado, básicamente por proteínas y azúcares complejos. como el almidón, que se digiere más lentamente que la lactosa y que se absorbe de forma gradual, por lo que proporciona energía durante un período de tiempo más prolongado. De este modo, el recién nacido, tiene una reserva energética que le permite unos intervalos cada vez más largos entre comida y comida.
Asimismo, los cereales son una importante fuente de sales minerales, sobre todo, hierro y también de fibra, que regula el tránsito intestinal y garantiza la absorción de importantes nutrientes.
Por todos estos motivos, se puede decir que, en los cereales, se encuentran casi todos los elementos esenciales para la correcta alimentación humana. Sin embargo, no son alimentos completo, por lo que su consumo debe apoyarse con otros alimentos ricos en principios nutritivos, como la leche infantil, y, más tarde, la carne, el pescado y los huevos.
Primero, arroz y maiz, que son los primeros cereales que se deben introducir porque no contienen gluten, un componente proteico que puede provocar intolerancias y alergias en los niños. Para empezar, bastará con un par de cucharaditas añadidas al biberón de leche de continuación, para, después, ir aumentando de forma gradual la cantidad.
Cuando el niño cumpla los seis meses, momento en el que su aparato digestivo ya está en condiciones de asimilar mejor el gluten, se pueden introducir el trigo, la cebada, el centeno y la avena en su dieta. Algunas pediatras, sin embargo, prefieren introducir el gluten más tarde.
A los siete u ocho meses, podemos darle la primera galleta para niños, que se deshace en la boca. También la primera pasta para sopa, aunque del tamaño muy pequeño, que le permitirá aprender a meterse trocitos más consistentes en la boca.
Ojo con el gluten, las harinas de trigo, cebada, avena y centeno contienen una proteína, el gluten, que puede ocasionar una intolerancia digestiva en el niño. Obviamente, también está presente en los alimentos derivados de esos cereales, pan, pasta, galletas, tartas, sémola, salvado, café de malta, cereales mixtos, farro y sorgo.
Esta enfermedad, denominada celiaquía, consiste en la incapacidad de absorber alimentos con gluten por parte de la mucosa del intestino delgado.
Los síntomas se manifiestan en forma de diarreas crónicas, ralentizando el crecimiento y el hinchazón de la barriga.
La curación se obtiene eliminando por completo el gluten de la dieta, un régimen alimenticio que se deberá seguir con rigor durante toda la vida.
En el mercado, encontramos productos sin gluten que pueden comprarse en farmacias o tiendas especializadas.

