Fuiste princesa de una casa bien; la unigénita mimada y consentida de una familia adinerada; todos tus sueños e ilusiones al segundo eran complacidos sin, ni siquiera, mirar su precio, Pero tu te sentías prisionera encerrada en tu preciosa jaula de oro, esmeraldas y turquesas. Un día quisiste probar algo nuevo que te hiciera alcanzar
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