Estoy segura, de que el que más el que menos, -sobre todo las lectoras femeninas-, ha oído mencionar algo sobre la Dieta Dukan. Para los que no, resumo.
Se trata de un método dietético desarrollado por un médico francés cuyo apellido da nombre al método, para adelgazar muy rápidamente y sin dejar de ingerir alimentos agradables al paladar, como carnes, pan etc.
La base de la dieta, es que es un método hiperproteico, es decir, únicamente se ingieren proteínas en las comidas. La dieta se ha vuelto muy popular sobretodo en Francia y en Reino Unido, y empieza a tomar consistencia en España, donde ya la podemos ver recomendada en páginas web de “salud femenina”, e incluso el libro, en puestos de honor como líder de ventas en varias librerías.
Pero una cosa es la acogida por parte del público, y otra la acogida de los profesionales de la salud. Los nutricionistas, dietistas y médicos se han puesto en pie de guerra en contra de la famosa dieta, y han protagonizado las quejas que se han escuchado en distintos programas o reportajes televisivos que trataban sobre el tema. Pero, ¿por qué? ¿Cuáles son las razones que llevan a los nutricionistas a rechazar de llano la Dieta Dukan?
Bueno, la primera razón más que obvia que presentan, es que Pierre Dukan, el padre del método, carece del título de nutricionista, y simplemente escribió el libro siguiendo “su vocación”, como dijo en un reportaje a la prensa española. El problema es que los nutricionistas no han sabido explicar qué riesgos comporta para la salud, y por qué lo hace. Bien, yo hoy aquí trataré de explicarlo para prevenir a lectores/as que estén pensando en optar por este método.
La base de los riesgos de esta dieta está precisamente en el mismo hecho que compone la clave de su eficacia, las proteinas. El organismo humano se alimenta básicamente de tres moléculas básicas: los glúcidos (mal llamados azúcares), las grasas y las proteínas. Prácticamente todas las células del cuerpo pueden emplear las tres moléculas como fuente de energía, prácticamente. Los músculos tienen una especial predilección por las proteínas; las grasas tienden a almacenarse en el tejido adiposo y los glúcidos son los que primero se consumen como fuente rápida.
La cuestión está en que hay células que únicamente pueden consumir glúcidos, como el cerebro o la sangre; o grasas, como el tejido adiposo que rodea los órganos vitales y que es esencial para su protección.
Cuando ingerimos únicamente proteínas, el hígado es el órgano responsable de “crear” azúcares para poder seguir alimentando al cerebro y a la sangre. Para ello, recurre en primer lugar a las grasas almacenadas en el tejido graso, y cuando le falta grasa, acude a las proteínas. Si seguimos ingiriendo sólo proteínas, el hígado continua trabajando a un ritmo excesivamente elevado para producir grasa para rellenar el tejido adiposo y glúcidos para el cerebro y la sangre. El problema es que el hígado, a pesar de ser un órgano muy resistente, tiene sus límites, y este exceso de trabajo puede conducirlo a dañarse o incluso a fallar por completo.
Pero el hígado no es el único afectado. Cuando el hígado rompe las proteínas para usar los compuestos simples para generar azúcares, se produce una molécula llamada UREA. La urea es tóxica en concentraciones elevadas en sangre, por lo que los riñones deben aumentar su ritmo de trabajo para poder eliminar toda la urea producida en una dieta con exceso de proteínas, lo cual puede llevar a los riñones a fallar.
Y finalmente, la cetosis. La cetosis es una enfermedad que se produce cuando a falta de azúcares, el organismo emplea las grasas para obtener energía, produciendo unos compuestos llamados cuerpos cetónicos. En términos simples, estos compuestos acidifican la sangre, la vuelven ácida, lo cual puede agravarse hasta el punto de dañar los órganos en contacto con ella.
Por tanto podemos resumir los siguientes riesgos y consecuencias de la afamada dieta:
-Daño hepático que puede conducir a un fallo hepático (muerte)
-Daño renal que puede ser irreversible (diálisis, transplante…)
-Daño multiorgánico por acidosis sanguínea (muerte)
Y otros tantos más complicados de explicar y que por tanto omitiré; sobre decir que opino que los ya mencionados son lo suficientemente graves. Además de todo esto, podríamos destacar que la dieta adelgaza, sí, pero sólo en el primer momento, ya que el cuerpo que no espera ese cambio brusco en la alimentación, reacciona empleando primero los depósitos de grasa, como si de una desnutrición se tratara. Pero sólo en el primer momento, porque cuando el hígado se acostumbra a trabajar con las protéinas al ritmo frenético impuesto por la dieta, el organismo rellena sus depósitos de grasa a partir de las propias proteínas.
Por tanto, desde aquí, insto a que se retire el libro de la dieta milagro Dukan de las librerías respetables, ya que supone un demostrado y demostrable riesgo para la salud del consumidor. Y a los lectores, que no caigan en la trampa, y que si quieren adelgazar opten por el remedio de toda la vida, comer menos porquerías y hacer más ejercicio, que es lo más sano del mundo.
Y aunque sé que jamás lo leerá, un mensaje a Pierre Dukan, que espero que un día se arrepienta de lo que está haciendo, porque a largo plazo resultará ser un asesino de masas.
Alexandra Dow.


