El errante

escritos en tiempos de necesidad

La escena del crimen

-Una noche caótica en medio de una noche muy cerrada. Nadie aprecia las cosas hasta que se pierden y no habíamos contado con el poder tranquilizador de la luz de la mesilla de noche.

-Phil, me duele la cabeza y no tengo necesaria cafeína para mantenerme activo. Por favor. Es una noche de locos. Mira a todos esos vagabundos errantes por las calles, observando las luces de nuestro coche patrulla, desorientados, enfermizamente desquiciantes.

-Creo que lo que nos afecta es que nos hayan duplicado el turno, porque a las 21h finalizamos nuestro turno y, cuando me encuentro acostado con mi mujer, el teniente Tiliban interrumpe con una llamada al móvil.

-Total, es un suicidio al parecer. Podrían dejarlo para mañana por la mañana y así podríamos dormir como nos merecemos-bostezó mirando por la ventanilla-. Ahora en este estado y sin luz no podremos ver ninguna prueba, aunque esté repleta de indicadores luminosos y una gran pantalla de plasma nos señale con una flecha el lugar de la prueba.

-Bueno, yo pienso que como ha salido este caos, prefiere que vayamos quitando trabajo lo antes posible porque mañana será un día llenísimo de trabajo.

-Podría meterse el trabajo por donde yo me sé. El Viejo nunca cuenta con los acuerdos sindicales.

-Ya llegamos, bonita concentración.

En ese momento un círculo de masas se agolpaba entorno a los coches patrulla. Atravesamos la masa y nos acercamos a la puerta de la casa donde se concentraba el ayudante del Viejo. Y nos condujo a través de los flashes y de los reflejos en la oscuridad a los pies de una escalera donde yacía un joven, una penumbra cincelada de sombras, inmóvil. Un armario parecía volcado. En ese instante, un hombre ataviado de un traje formal abandonaba la escena.

-Chicos, necesito que terminéis cuánto antes este asunto-nos recibió el Viejo con sus sesentas de años-. Y que sea rápido porque nos espera más trabajo, quiero que confirméis de forma rutinaria de que se trata de un suicidio. Trabajo fácil. Por cierto, chicos. La ambulancia está en camino y el cadáver ya puede ser levantado porque el juez de instrucción por una vez ha sido más rápido que vosotros y que la ambulancia. Buenas noches, agentes.

-Buff, vamos a terminar el trabajo. ¿Quiénes fueron los primeros en entrar en esta casa?

Los camilleros entraron en el pasillo y la expectación en la calle crecía por momentos. Un agente trajo a uno de los dos agentes que acudieron a la llamada.

-¿Señor?- miraba hacia abajo y Phil estudiaba cada signo de su rostro en la penumbra.

-¿Dónde está su compañero, agente?

-Afuera, señor.

-Bien, infórmenos de la situación, agente, y luego, ya hablaremos con su compañero. Ya sabe, es meramente rutinario para obtener sus primeras impresiones y poder profundizar en la investigación-las luces tintinearon.

-De acuerdo, señor. Acudimos para confirmar el motivo de unos gritos escuchados en este domicilio. Las cerraduras no estaban forzadas, ventanas cerradas y ningún cristal roto. Inspeccionamos el domicilio y no había nadie dentro-los camilleros entre las luces parpadeantes montaban al cadáver en su camilla y se alejaban hacia la ambulancia.

-Gracias, agente.

Las luces volvieron y en parte la calma que transmite la luz eléctrica en la soledad de la noche. Siempre es normal ver cadáveres, por desgracia, y te acostumbras a ver esos bultos inertes con indiferencia. La rutina nos hace olvidar que detrás de esa materia inerte se esconde una vida terminada y unos sentimientos frustrados.

Phil y Carter se fijaron en el mueble volcado a los pies de las escaleras y subieron el camino que recorrió el cadáver. Las paredes de las escaleras de escayola azul mostraban un arañazo continuo al final de la escalera. Entraron en la habitación, las ventanas estaban cerradas y un monitor permanecía encendido en la pantalla principal del sistema operativo. Los dos inspectores se miraron a los ojos y de una forma automática se respondieron.

-Phil, mi conclusión es que el joven era claustrofóbico, se apagaron las luces y salió corriendo escaleras abajo, hasta que sintió que se caía y se intentó sujetar a la pared. Pero, cayó y se rompió el cuello o la espina dorsal y se estrelló contra ese mueble. Fácil.

Phil permaneció dubitativo por unos instantes y sopesó sus palabras.

-Necesitamos el informe del forense para aclarar la causa de la muerte. Aunque, los gritos y el rastro de uñas en las paredes de la parte superior de la escalera indican que no fue una muerte natural, sino accidental o puede que sea inducida. Tendríamos que confirmar su claustrofobia, mientras tanto, con el ambiente cercano del joven. Y… tal vez… Nada, déjalo.

-Lo que tú digas, Phil. Voy hablando con el otro agente que entró, a pesar de que tendremos su informe sobre nuestro escritorio.

-Adelántate, Carter. Tomaré las huellas de la habitación.

Eran las 2 de la madrugada por el reloj de pulsera de Phil y Carter terminaba de interrogar al agente que mostraba cierto nerviosismo.

-La tensión de tanto trabajo se manifiesta en muchos compañeros. Esto de tener una noche tan ajetreada… Seguro que lo interrumpieron echándose un sueñecito en el asiento del copiloto-aprovechó el silencio para encender un cigarrillo rubio-. Maldita noche.

-¿Qué dice, Carter?

-Lo mismo que el otro. Salvo que el nerviosismo y la oscuridad, le hicieron creer que alguien más había en la habitación de dormir del joven y, de hecho, ambos agentes salieron a la calle persiguiendo a alguien pero no vieron a nadie salir. Fruto de la imaginación. ¡Hasta afirman que había una corriente fría en el dormitorio del chico, cuando nosotros hemos estado allí y estaba todo cálido, con las ventanas herméticamente cerradas y los cristales empañados por la calefacción de dentro!

-A nadie le gusta la falta de electricidad- se quedó mirando por unos minutos a la masa agolpada de curiosos al otro lado de la acera.

-No me gusta nada cuando piensas tanto, significa que va a ver mucho más trabajo del que esperamos-dio una calada-. ¿Me equivoco?

-Podríamos comprobar si habló con alguien antes del apagón, porque el ordenador estaba encendido, por si esperaba la visita de alguien. No sé. Hay algo que me dice que no todo es tan fácil como parece.