Segunda Guerra Mundial

Crónica de la Segunda Guerra Mundial

La campaña de Occidente

Frente a la velocidad del ataque alemán, los aliados franco-británicos, que habían declarado la guerra a Alemania el 3 de septiembre, se mostraron desconcertados. Mientras que Francia permaneció inicialmente parapetada tras las fortificaciones de la “línea Maginot”, a lo largo de la frontera occidental con Alemania, Gran Bretaña limitó su actividad bélica a una intensa campaña propagandística antialemana, confiando en desmantelar la maquinaria nazi por medio del bloqueo económico. Esta inactividad sustancial de los aliados permitió a Hitler llevar a cabo sin interferencias su programa de conquistas.

Después de violar la neutralidad de Dinamarca y de ocupar su territorio sin resistencia, las fuerzas armadas alemanas entraron en Noruega (9 de abril de 1940), nación considerada de gran importancia estratégica para la segunda guerra mundial por la posibilidad de acceder directamente a las reservas minerales suecas y de conseguir bases avanzadas para la guerra submarina.

Los nazis obligaron al rey Haakon VII a abandonar el país, junto con su gobierno, que se estableció en Londres. La misma suerte corrieron las tropas aliadas que habían apoyado a la resistencia interna. En el interior del país se creó, el 10 de junio de 1940, un gobierno títere dirigido por el fascista Vidkun Quisling.

Paralelamente a la invasión de Noruega, en este periodo de la segunda guerra mundial los alemanes iniciaron su ofensiva contra Francia. Al atacar directamente a los Países Bajos y Bélgica, los nazis distrajeron de su objetivo principal a las fuerzas aliadas, abriéndose así camino hacia la frontera francesa. Ignorando la neutralidad de estos dos países, los alemanes derrotaron a sus ejércitos, sometiendo los respectivos territorios a la férrea jurisdicción nazi. Los Países Bajos capitularon el 15 de mayo de 1940, después de intensos bombardeos, y Bélgica cayó el 28 del mismo mes.

Entre tanto, las tropas francesas, convencidas por la marcha de las operaciones de que Hitler decidiría el ataque a través de Flandes y no por las Ardenas, erróneamente consideradas impracticables para los blindados, cedieron en la zona comprendida entre Namur y Sedan el 10 de mayo de 1940.

A fines de mayo, las fuerzas alemanas obligaron al ejército anglofrancés, que casi se batía en retirada, a concentrarse en Dunkerque, en la costa atlántica, donde consiguió embarcarse con rumbo a Gran Bretaña el 3 de junio de 1940.

El grueso del ejército alemán avanzó entonces imparable hacia el corazón de Francia y, tras el hundimiento de la línea defensiva dispuesta por el general francés Weygand, encontró el camino expedito hacia la capital. El 14 de junio de 1940 las tropas alemanas entraron en París, desfilando por los Campos Elíseos ante la mirada atónita de la multitud. La segunda guerra mundial empezaba muy bien para Hitler y sus tropas alemanas.