El saxofonista te regala una melodía oscura. Demasiado triste para ser abril. Le miras y te sabes invisible para él. No existes niña. Amor platónico en la Plaza Real. Palmeras y fuentes y yonkis y tú y tu amor casi desesperado. Lanzas corazones de humo al aire inquieto de la plaza. Sus rincones oscuros, la decadencia de sus gentes. Es el amargo (des)amor. Él toca ya sus últimas notas. Sabes que luego se irá. Y tú, como siempre, no dirás nada, no hablarás, no mirarás. Pero mañana regresarás. Le esperas y desesperas. Te reconoces protagonista de una historia de amor condenada al fracaso. Banda sonora de blues lagrimón y la plaza que se tiñe de rojo (sangre) pasión.

