“Fumar es un placer / genial,/sensual…/ fumando espero / al hombre quien yo quiero,/ tras los cristales / de alegres ventanales./ Y mientras fumo,/ mi vida no consumo / porque flotando el humo / me suele adormecer… ” esto nos cantaba una espléndida Sara Montiel en “el último cuplé”, y nosotros nos lo creíamos y fumábamos, algunos grandes puros como Winston Churchill, Fidel Castro o Edward G. Robinson, y otros cigarrillos More, Celtas, Ideales, Peninsulares, 46, Jean, Lola o lo que pillásemos por banda, aunque sin llegar al extremo de Antonio Vico en “mi tío Jacinto”, que recogía colillas para poder liarse un pitillo con el tabaco arrojado al suelo por terceros…
Pues bien, ni chicha ni limoná, que ahora resulta que no hay que fumar, y no porque lo diga nuestra ley antitabaco (ley 28/2005, de 26 de diciembre), a la que como muchas otras casi nadie respeta (porque nadie se molestó en leerlas), sino porque nos lo dice el British Medical Journal (http://www.bmj.com/), y ya se sabe que lo que dice el BMJ, al igual que lo que dicen la OMS (http://www.who.int/es/) y la prestigiosa Clínica Mayo (http://www.mayoclinic.org/) son verdades dogmáticas que no admiten discusión…
Ahora sólo tiene usted dos opciones: o dejar de fumar y ver como se consume la vida de otros a su alrededor, o seguir fumando y arriesgarse a ser sometido a un proceso de lapidación con escarnio público…
No sé que opinarán de estos los empleados de las tabaqueras, en plena crisis recesiva, en que un puesto de trabajo vale un potosí, pero mucho me temo que ha de suceder algo parecido a aquello del lanzamiento del enano en Vasconia; que cuando todos se echaban las manos a la cabeza y se rasgaban las vestiduras pidiendo clemencia y respeto a los derechos humanos, el enano pataleaba rabioso jurando en arameo para que le dejasen en paz viviendo del único trabajo que le ofrecía una sociedad como la nuestra…
El ser fumador o no tiene un mayor impacto en el estado de salud y en la duración de la vida que el ser rico o pobre, lo que en principio sería un elemento significativo en la materia, revela un estudio publicado el martes. La mayor longevidad que da la comodidad social, así como la que gozan las mujeres, son reducidas a casi nada por el tabaco, según este estudio, el mayor realizado nunca sobre el tema. El estudio, publicado el martes en el British Medical Journal (BMJ), señala que 15.000 habitantes de dos ciudades de Escocia, de 45 a 64 años, fueron seleccionados en 1972-76 y divididos en cuatro grupos, en función de su nivel social y sus ingresos. Luego fueron clasificados por su sexo y según su condición de fumadores, de ex fumadores o de gente que nunca fumó. (Fuente: AFP)


