Reflexión Gay

El mundo está lleno de reinonas republicanas sin trono.

Bastardas, maricas y mariconadas varias

Tal y como escribiría Orianna Fallaci en su libro La Rabia y el Orgullo (2002) “Me pides que hable, esta vez. Me pides que rompa al menos esta vez el silencio que he elegido, que me he impuesto desde hace años para no mezclarme con las cigarras. Y lo hago.” Pues bien, esta vez, vamos a hablar bien claro:

Y vamos a contar las cosas tal y como son, aun exponiéndome a ser clasificado como el primer gay homófobo de este, cada vez más, pésimo país.

¿Es posible, que alguien con secuelas claramente visibles, de una vida poco virginal, acusar sexualmente a un trabajador de un local de ambiente gay?
SI. En chueca todo es posible.

¿Es posible, que alguien cuyas prácticas sexuales no dejen margen de error el hecho pensar que puede ser un fácil transmisor de enfermedades cuyo origen aun no se ha descubierto, criticar una relación estable y sana?
SI. En chueca todo es posible.

¿Es posible, chismorrear cual viejas moribundas, lo bien o mal que le queda la ropa a una determinada persona, cuando sus famélicos cuerpos son un claro ejemplo de un gran desorden alimenticio, ya sea porque su aspiración en la vida sea vomitar todo lo que tragan, o bien, porque se gastan todo el sueldo en tiendas de Dolce & Gabanna, Kalvin Klein (etc) y se alimentan a base de arroz, pasta y actimel el resto del mes?
SI. En chueca todo es posible.

Y es posible, porque si juzgas a quien critica, eres un inadaptado en la sociedad ‘chuekera’, o bien, un maricón reprimido. O un aburrido. O un soso. O un marginado.

Esta noche, me pidieron que hablase. O mejor dicho, que escribiese sobre un suceso totalmente increíble en una discoteca de chueca.
Un chavalín pretendía acusar formalmente, con policía incluida, a un trabajador de dicho local de acoso sexual. Una palabra muy seria, como para andar con tonterías y niñaterías. Y más cuando gustosamente, ya hubo contacto sexual anterior. Y peor aun, si cabe, cuando de mis impuestos, tengo que pagar (mejor dicho, tenemos que pagar) el desplazamiento de los cuerpos de seguridad del estado para atender un tema, completamente falso, injurioso, contra dicho trabajador, por problemas personales ajenos al local, al puesto de trabajo y al horario laboral.
¿Se pude ser más mísero?
SI. En chueca todo es posible.
Quizás algunas redecillas del pasado salieron a flote, entre el alcohol y el “no pillar cacho” esa noche, entre la prepotencia, la mala educación, o alguna mala follada de última hora, hicieron que este individuo soltara la primera estupidez que se le pasó por su inestable cabeza. O quizás recordó esa famosa frase, que solo saben escupirla aquellos que se quedan sin argumentos.

Es muy común en estos ambientes conocer los derechos, pero no los deberes. Nadie, ningún cliente, ninguno, conoce sus deberes. Tan solo sus derechos. YO exijo la hoja de reclamaciones. YO quiero. YO soy. YO, YO, YO, YO… Son tan lerdAs que se olvidan de que en un local, donde cada noche lo frecuentan más trescientas personas, piensas que son lAs únicAs a lAs que hay que adorar, postrarse y venerar, tras soltar la infame frase de “el cliente, siempre tiene la razón“.

El ser humano, siempre se ha diferenciado del reino animal por su carácter lúcido e inteligente. Pero quien planteó dicha frase, tubo que ser el mayor cliente hijo de perra de la historia. Y seguro que era gay. Es más, apostaría que frecuentaba el barrio de chueca. No me cabe otra explicación.

El cliente siempre tiene la razón“. ¿Se puede ser tan mezquino? ¿Trabajó en algo, a lo largo de su vida, quien parió semejante desfachatez? Quizás dicha frase naciera cuando la revolución de lo ‘Políticamente Correcto’. Otra canallada de la historia. Otra broma de mal gusto para los que no podemos callarnos ante tanta mamarrachA. Ante tantA petardA.

Y se de lo que hablo. Tras trabajar en varias discotecas de chueca, como también una librería Sex-Shop, así como una Ong gay, puedo perfectamente mostrarme en total desacuerdo con esta frase, y contra quienes no hacen más que repetirla, sin saber que a su vez, también tienen deberes que cumplir. Obligaciones como clientes. Es duro que lo entiendan. Por eso, cuando se lo intentas explicar, te llaman borde. Antipático. Estúpido. Gilipollas. Y sobre todo, cuestionan completamente todo tu trabajo. Ellos saben mejor que tu como hacer tu propio trabajo. En fin…

Un saludo para todAs aquellAs quienes, sin conocerme fuera de mi trabajo, me consideran todas las lindezas arriba escritas. Este artículo se lo dedico desde la primera hasta la última letra. Desde el primer desprecio, hasta el último.

D.Diaz