Se empeña Pellegrini en dar descanso a su plantilla, pero no logrará el chileno “la excelencia” en el juego que tanto predica hasta que no acabe con el más claro y grave ejemplo de dictadura jerárquica del fútbol moderno: Raúl. Ante el Tenerife fue Kaká el sacrificado para que el monarca madridista de la última década no quedara sin trono. La consecuencia fue un juego inconexo donde centro del campo y delantera andaban faltos de referencias debido a la posición errante de un jugador que está a años luz del resto de sus compañeros y que rezuma mediocridad cuando queda lejos del área.
Su incuestionable sacrificio y pundonor se convierte en un fastidio por lo anárquico de su posición. Rompe la capacidad de sorpresa y desborde al acudir a recibir el balón en la zona de creación, donde sus amagos son estériles. Delante, su movilidad despista a Ronaldo y estorba a Benzemá, que ya dijo como protesta que era muy fácil “jugar con un 9 fijo como Van Nistelrooy”. Incluso Guti, otro de los eternos cuestionados, parece estar varios escalones por encima en cuanto a técnica y rendimiento en este esquema. Las rotaciones están bien, pero cuando se trata de Raúl no tendría que ser tal sino una definitiva transición. Hoy por hoy está a años luz de la mayoría de la plantilla.

