Dicen sus detractores que es un jugador de cristal y que se ha pasado más tiempo en la enfermería que sobre el terreno de juego. Razón no les falta, pero también es cierto que el año pasado era el único jugador del Real Madrid que se aproximaba a lo que se considera un galáctico: era capaz de desequilibrar un partido en una jugada aislada gracias a su velocidad y potente dispara. Chupón, a veces también, pero eso era algo que se podría haber solucionado con algo de terapia técnica por parte de ese gran psicólogo que dicen que es Pellegrini.
Robben se ha ido al Bayern de Munich, y los que creemos en las plantillas compensadas pensábamos que se trataba de la puerta de entrada a la Casa Blanca de Ribery. Sin embargo, ayer dieron las 12 de la noche y el fax del club bávaro no llegó. Defiendo muchas veces a los técnicos porque considero que ellos saben muchas cosas que se nos escapan a los aficionados: conocen al futbolista porque entrenan con él todos los días, perciben su estado de ánimo, su carácter. Pero a todos nos consta que el holandés no es en ningún caso problemático.
Teniendo en cuenta todo lo anterior y que esta temporada Arjen tenía recambios suficientes para jugar al 100% sus partidos sin tener que reservarlo, el traspaso sólo se puede explicar por el único y simple motivo de la necesidad de hacer caja. Él ya ha empezado a demostrar el craso error marcando dos goles en su primer partido en Alemania. Esperemos que lo único que tengamos que lamentar los madridistas sea haberle dicho adiós y no que se vengue de nosotros en alguna eliminatoria de Champions.
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