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El Museo del Louvre

Llegó el lunes y llegaba otro de los momentos cumbre de nuestra visita a París. La verdad es que íbamos muy ilusionados pero después la decepción fue más bien grande. Ya lo contaré después.

Nos levantamos otra vez muy pronto porque sabíamos de las colas del Museo del Louvre y que además al ser lunes, como todos los demás museos de París cierran pues suele haber mucha gente. Después de desayunar fuimos hasta la Rue de Rivoli donde cogimos el autobús. De esta manera estrenábamos este medio de transporte en nuestra visita. Podríamos haber ido andando porque muy lejos no está pero preferimos ir en autobús para no cansarnos ya antes de empezar.

A la llegada al Louvre, lo primero fue admirar su patio interior y su famosa pirámide. La verdad es que la esperaba más grande pero igualmente nos gustó. Como teníamos la París Museum Pass nuestra entada estaba en un lateral. Allí pudimos entrar sin colas y menos mal porque en la pirámide donde está la entrada principal, era exagerado la cantidad de gente que había.

Una vez dentro, todo es bastante caótico. Está todo muy mal organizado y muy mal indicado. Y si a todo esto sumas la cantidad de gente que hay pues se hace muy agobiante. Lo primero que decidimos ver fue la zona de esculturas. A mi me gsutan más las esculturas que las pinturas, la verdad. Y las esculturas griegas del Museo del Louvre son una auténtica maravilla. Y además, en esta zona había menos gente. Incluso había estudiantes de bellas artes haciendo dibujos.

Posteriormente pasamos a ver el Código de Hammurabi, muy famoso. Y ya accedimos a la zona donde empezaba a haber más gente. La zona donde estaba las 2 esculturas más famosas del museo: la Venus de Milo y la Victoria Alada de Samotracia. Por supuesto, rodeadas de gente haciéndose fotos.

Nuestro siguiente destino, ya en la zona de pinturas, estaba claro. Ir hacia La Gioconda. Tras pasar un pasillo enorme con bonitas pinturas de Leonardo da Vinci llegamos a la sala más concurrida del museo, la sala donde está La Mona Lisa. El cuadro realmente decepciona. Es muy pequeño y además la gran marabunta de gente que la rodea hace que estar allí sea insoportable. Eso evidentemente no se puede controlar, pero los responsables del museo sí que podrían controlar otra cosa, como son los cuadros que rodean a La Gioconda. ¿Cómo es posible que justo enfrente de un cuadro tan pequeño esté uno tan grande como Las Bodas de Caná? Esto no se entiende y hace que La Gioconda parezca más pequeña si cabe.

A la salida, vimos las bonitas pinturas de Leonardo como La Virgen de las Rocas y subimos a la segunda planta, menos concurrida, donde vimos cuadros de las escuelas flamencas y alemana como puede ser el famoso Autoretrato de Durero.

Por fin, y sí, digo por fín, salimos del museo. No nos gustó nada, salvo las esculturas y sobre todo la Victoria Alada de Samotracia, que me pareció estupenda. No se si fue por la cantidad de gente que había pero el Museo del Louvre me había decepcionado. Eso sí, el edificio en sí es impresionante.

Tras esta visita tocaba ir hacia Les Invalides y qué mejor que atravesar los Jardines de las Tullerías para ello.