Porque me da la gana…

vamos a pasarlo bien

CULO EN GOOGLE



Con la sana intención de subirme al carro de las nuevas tecnologías, un buen día decidí comprarme un ordenador. Algo que me parecía tan sencillo como acercarme a cualquier tienda y llevármelo a casa, resultó ser toda un experiencia.


Un tipo muy amable intentó explicarme las características técnicas del aparato en cuestión. Según iba transcurriendo la conversación yo ya no estaba muy segura de si estaba comprando un ordenador personal o la última nave que envió la NASA al espacio.

¡Madre mía, qué follón! Si me lo explican en chino mandarín me entero mejor.


Puse cara de experta en la materia, y, cuando el interfecto terminó sus ininteligibles explicaciones, le encargué un “ordenador standard” (del que se vendía más, dije yo para quedar bien).


Me lo instalaron a los tres días. Lo encendí con cuidado y trasteé un poquito por el Office, que era lo único que me sonaba un poco. Como me aburrí a los 10 segundos de mirar la pantalla Excel sin saber qué contabilizar, decidí dar el salto y me conecté a Internet.


Aquello me gustó más. Escribí en Google una palabra obscena (lo típico) y me apareció un interminable listado de enlaces. Casi me caigo muerta. No sabía que “culo” diera tanto de sí. Pinché un par de links para quitarme el morbo y acto seguido escribí en mi flamante cuenta de correo recién configurada un mail a mi amigo Pepe. Pepe no contestó, pero a cambio recibí un sinfín de mensajes para venderme Viagra, una agencia de viajes me pasó todas sus ofertas y un espabilado que se presentaba como el BBVA me solicitaba mis datos bancarios para activar mi cuenta.


Decidí chatear. Es como hablar por teléfono pero dejándote los dedos en el teclado. Me puse un nombre de guerra y me lancé a la aventura. Me abrieron un privado y comenzó la Odisea. ¡Coño con Internet! Todos eran altos, rubios, guapos, con los ojos verdes y para colmo, arquitectos o ingenieros. Está claro que para encontrar un albañil hay que ir a Operación Triunfo.

Tras mantener cuatro o cinco conversaciones en el chat, me dije a mí misma que iba a actualizar mi curriculum porque aquello parecía una entrevista de trabajo; que si de dónde eres, que si estás casada, que si estudias o trabajas… Todo ese trayecto para acabar en la pregunta del millón: “¿Qué llevas puesto?” ¡Uy! ¡Qué susto! ¿También hay que venir vestida para la ocasión? Pues no, señores. Hay que ir desnuda. Que lo sepan.


Volví a Google y escribí “culo” de nuevo. Mucho más cómodo. ¡Dónde va a parar! Material de calidad sin nada a cambio.


Poco después descubrí que internet sirve para más cosas, pero ¡anda que no vi culos para llegar a esta conclusión…!