Miles de jóvenes en toda España, de muy distinta filiación y procedencia, se movilizan estos días con lemas tan dispares como “No les votes” o “No somos ni-nis”, pero con un poso común: el desencanto con el sistema y con la clase política. La madrileña Puerta del Sol, con el lema “#yeswecamp”, es el epicentro, pero las acampadas se reproducen en otras ciudades españolas.
El movimiento es tan complejo que no se puede simplificar: no son radicales antisitema, que los habrá seguro en alguna proporción; tampoco hay sólo jóvenes o parados. Es una amalgama de individuos movilizada a través de las redes sociales que funciona por medio de asambleas y a impulsos, tratando de canalizar su descontento y de cambiar una sociedad que no les gusta.
¿Por qué ahora? Ni ellos mismos lo saben, según confiesan. Sus llamadas a la movilización llevaban tiempo larvadas en la Red y la cercanía de las elecciones quizás ha sido el catalizador que ha desatado la protesta.
Lo más positivo: un aldabonazo para hacer reflexionar a la sociedad y sobre todo a una clase política que nunca ha conocido valoraciones más bajas en las encuestas del CIS. Reivindican medidas tan planteables como listas abiertas en las elecciones o moderación en los privilegios, a veces poco entendibles, de los políticos.
Lo más utópico: hablando con algunos de los líderes (que no portavoces) de la plataforma principal del movimiento, comentan que no basta con elegir una vez cada cuatro años a los gobernantes, que internet es una herramienta perfecta para mostrar la opinión de la sociedad civil cuando la clase política se equivoca: “Quedan ustedes expulsados señores diputados”, al más puro estilo de un concurso de la tele.
Lo más negativo: sería un grave error olvidar que España, en un tiempo récord, se ha dotado de un sistema democrático ejemplar. Tiene sus defectos y siempre será mejorable, pero también cuenta con mecanismos para fortalecerse, ahí están desde las elecciones a las mociones de censura o los jueces… También resultan negativos los patéticos intentos de quienes intentan subirse al carro de la protesta para obtener réditos personales o de partido.
Señores políticos, tomen nota: lo que no funciona no es la democracia, es el trapicheo político que a veces, en los últimos tiempos muchas veces, empaña el sistema. Siempre que sea sin violencia y con respeto, bienvenida sea la reflexión… Y, sobre todo, respetemos lo que tanto ha costado alcanzar en estos años.
Post data: Por lo que se ha visto una semana más tarde, la mayoría de los ciudadanos siguen confiando en las urnas. Buena noticia.
Foto: José González / Qué!

