Blanco, la vivienda… y el conejo, que viva el intervencionismo

¿Qué tienen que ver el ministro Blanco, la vivienda, el ‘pa amb tomaquet’, los conejos o los apellidos de un hijo? Mucho, como veremos.

El ministro de Fomento, José Blanco, ha encontrado una solución parcial a la actual crisis económica: ha instado a “ofrecer precios más competitivos en aquella tipología de vivienda y suelo en que el exceso de oferta es más evidente”. Es decir, Blanco recomienda bajar los precios de los pisos para que se puedan vender.

Hasta aquí, parece algo bastante razonable. ¿No se les habrá ocurrido la misma idea a muchos propietarios que no dan salida a su piso?, ¿o a tantos bancos y cajas que acumulan un enorme ‘stock’ de vivienda?

De hecho, el mercado ya está ajustando los precios, que prácticamente no han dejado de bajar desde 2008. Aunque haya expertos que cuantifican hasta en un 30% la bajada que resta por llegar al sector.

Pero nada más lejos de mi intención que ralizar un sesudo análisis del mercado inmobiliario. Lo que aquí me interesa es destacar la enorme ola de intervencionismo público en la vida de las personas que parece arrastrar a nuestros políticos en esta crisis.

Si José Blanco se permite decir a los españoles que vendan más barato sus casas, recientemente el casi saliente entonces Gobierno de la Generalitat aprobó un decreto que obligaba a los hoteles de cuatro y cinco estrellas a ofrecer un desayuno con productos típicos de la gastronomía catalana, como la butifarra o el ‘pa amb tomaquet’.

¿Más ejemplos? Hace tres años, por estas fechas, el secretario general de Agricultura y Alimentación recomendaba a los ciudadanos comer conejo por Navidad, mucho más barato que el cordero, decía… Y al final subió el precio del conejo, claro.

Se podrían encontrar muchos más casos de intervencionismo en hasta los más mínimos detalles de la vida de los ciudadanos en los últimos años, desde la recomendación de un ministro de Economía de que se diera menos propina para que no aumentaran los precios hasta iniciativas que han pretendido ser ley como poner a los hijos el apellido por orden alfabético, lo que todavía no ha sido descartado.

¿Podrán nuestros políticos dedicarse a dar soluciones en lugar de decirnos cómo comportarnos hasta en la cena de Navidad?