La morosidad bancaria está en su nivel más alto desde hace doce años, con un 4,17%. Es decir, hay 74.704 millones de euros en el aire, o de cobro dudoso. Ese dinero equivale a cien presupuestos del Real Madrid y el Barça juntos o a 40 veces los presupuestos de los ministerios de Educación, Vivienda, Justicia e Igualdad.
En general, no es que la gente no pague porque no quiera, que los hay, sino porque no puede. Con más de cuatro millones de parados, es difícil hacer frente a créditos negociados cuando era fácil acceder a ellos y había una nómina para respaldarlos.
Según las últimas cifras estadísticas, en España hay 2,7 millones de morosos (y otras 232.000 empresas que no pagan). Siguiendo la regla estadística de “si yo me como dos pollos y tú ninguno, tocamos a uno por barba”, cada moroso debe unos 27.668 euros, lo suficiente para comprar un buen coche, y sobra.
Así que, ya saben señores políticos, menos subir las ayudas a la compra de coches (que también) o amenazar con quitar las de los pisos y más dar pronto con la clave para que remonte el empleo directamente, que es lo que reavivará el consumo. Si no, la única alternativa para frenar el desempleo va a ser contratar más cobradores del frac.
Mi novela La torre quemada se publicó en 2005. Ahora he decidido ir colgándola semanalmente en este blog.
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