La teoría de la perla

Llevo meses contando esta historia inventada para reflexión sobre la “grandiosidad” del ser humano y recreación de su gran “divinidad”. Hasta ahora no se me había ocurrido incluirla en este blog. El cual, si se escribe, es para eso, para reflexionar.

Partimos de la belleza de una perla, natural claro. Su exclusiva belleza sin par. Esta perla se va rellenando con capas sucesivas a lo largo del tiempo. Sus colores son preciosos. Está incrustada en una concha de una ostra que la envuelve y la protege. Esta belleza puede subsistir gracias a este reservado entorno.

Claro está que si alguien solo viera y viviera en esa magnífica perla, pensaría que tal belleza no tiene comparación. Si además tal ente, formara parte de ella, como un elemento infinitesimal. Se vería como parte de algo grandioso, magnífico, divino. Él mismo sería divino, como no.

A modo de metáfora, la perla sería la Tierra, este bellísimo planeta en el que vivimos y cada persona un elemento infinitesimal de superficie de la perla que sería recubierto cada tiempo por otra generación. Otra capa sobre la perla.

Visto de esa manera inscrita en tan bello entorno, pensaríamos que nuestra belleza es tan inmensa que tiene que ser divina. Que algo lo ha debido crear con un poder inmenso prioritariamente y para poner a un ser tan divino como el propio creador de la ya divina perla.

Si los habitantes de la perla se dieran cuenta que esta está protegida en una concha, que la concha está contenida en un inmenso mar, el Universo. Que existen muchísimas otras ostras y perlas, quizás no tan bonitas como la nuestra, pero ahí están.

Y sobre todo, que un pequeño golpe de mar nos convertiría en polvo inmediatamente, se no acabarían muchas tonterías e ideas sobre divinidades. A lo mejor, empezaríamos a pensar en lo importante, jeje. A darnos cuenta de lo pequeñísimos que somos, no solo como seres, sino que nuestra propia casa, nuestro planeta es una nadería. Eso si, bellísima…De momento la suerte nos acompaña, aprovechémoslo. Aprovechemos cada segundo de nuestra azarística natural belleza.