No me gusta generalizar, pero en este caso voy a hacerlo, aunque sólo sea en el título. Me explicaré, aunque primero, quiero dar mi apoyo a Tomás Gómez. Hace 120 años este señor acabaría sin vida en cualquier esquina. Afortunadamente, nuestros caciques de hoy tienen otros principios, nuestras sociedad avanza. Aun así, reitero mis felicitaciones a este señor. El Cacique considera que una de sus secuaces es más meritoria y presiona al pobrecito Tomás para que desaloje su puesto sin más. Hay que decirlo, ganado por el apoyo del susodicho Cacique. Pero, ¡ay amigo! ya no le gustas, no formas parte de los elegidos y claro, el Cacique con su sonrisa angelical te desmonta sin tardar. Tomás ha optado por la vía democrática, las primarias, y esto le legitima ante los ciudadanos, sean votantes de su partido o no, gane o pierda. v Dónde está la democracia, es que ya sólo importa el marketing. v Zapatero ha desarrollado una gran habilidad para desbancar a cualquiera que le haga sombra y Tomás Gómez tiene algo que no soporta Zapatero: independencia, liderazgo y calidad. v El cortoplacismo de los políticos va de la mano de su falta de ideas y planificación, elementos de los que Zapatero ha demostrado reiteradamente carecer. Podríamos decir que es un Gestor, porque decide, pero no es un Líder, porque no sabe dónde hay que ir. Hubiera sido lógico engrandecer la figura de Tomás Gómez igual que la de los ministros dotándole de más responsabilidad en los gobiernos centrales, por ejemplo, y no estar abriendo melones cada vez que se hace una encuesta. El pasado sábado 7 de agosto vimos en Informe Semanal un reportaje sobre Nacho Duato. Es otra muestra más de caciquismo. En este caso más sangrante, porque no acontece entre políticos, es sobre un profesional, un creador, un genio… al que se le ha tratado sin la consideración adecuada. Lógicamente se ha ido a otro país donde le darán el tiempo y el aprecio necesario. Es difícil liderar este país, sobre todo si se piensa en mantenerse en el poder más que en el beneficio de los ciudadanos. Los españoles somos criticones, envidiosos y esto hace que gobernar sea complicado. Así que, como español y en el caso de Zapatero, solo vale concluir con el popular: Manolete, si no sabes torear…
En cualquier caso, algunas reflexiones me vienen a la cabeza:


