Escribir, ciertas noches, es como jugar al ajedrez, entre jugada y jugada, entre letra y letra, siempre hay tiempo para los sueños. Mortaja y cruz, pequeñas sandalias descuartizadas, pequeño pescador ahogado por el peso de la pesca. Mi cuerpo es débil y deforme, en el fondo del mar entre los peces. Mi rostro helado, violento
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