Sin desconocer que el anuncio de la devolución de la libertad a un secuestrado es motivo de alegría, la liberación del Cabo del Ejército Pablo Emilio Moncayo no puede tomarse como un acto generoso del secuestrador porque se caería en el juego siniestro de legitimar un acto aberrante, porque sería tomado como incentivo para seguir secuestrando; si el delincuente percibe que aún siendo repudiado por el secuestro es elogiado por la liberación, utilizará eso como estrategia política para mostrarse benévolo y se motivará a más secuestros.
Si bien el militar es liberado luego de 11 años de privación de su derecho a la libertad, el hecho a tener en cuenta es que nunca debió ser secuestrado, es decir aunque en un sospechoso acto de generosidad las Farc deciden liberarlo el crimen de haberlo secuestrado permanece, no puede llegarse a la cruel impunidad que sería olvidarse del secuestro por la simple liberación.
Tampoco es ético permitir el uso de un medio de información personal -una página web- como órgano de difusión “oficial” de un grupo tildado de terrorista; está bien que Anncol, Indymedia, Telesur, Café Stereo, etc., se presten como órganos de difusión del grupo armado, porque son medios y personas independientes, extranjeros y clandestinos, manipulados consiente o inconscientemente por personajes del llamado bloque internacional de las Farc, pero no así la página de la Senadora Piedad Córdova, porque ella siendo independiente en su concepción ideológica y política, no lo es tanto como servidora publica, pues fue puesta en el Senado de la República de Colombia por votación popular, por voluntad de una porción del pueblo del que seguramente muy pocos aplauden su cada vez más estrecha y descarada vinculación con las Farc; ella se debe a ese pueblo que la favoreció, no a las Farc, y siendo cierto que ese pueblo la respaldó para elegirla, sería importante ver hasta donde comparte que ella se preste al juego de un grupo secuestrador.
Seguramente muchos de quienes votaron por ella hicieron parte de la 12 millones de colombianos que el 4 de Febrero de 2008 le gritaron a las Farc que no las querían y si pudieran le dirían a la señora Córdova que no fue para eso para lo cual dieron su voto.
Ante la posibilidad de que el Cabo Moncayo sea liberado, no deben desconocerse intenciones escondidas, pues para las Farc solo importa cuanto avancen en la toma del poder sin que importe cuales métodos deba utilizar; cuando les fue útil utilizaron el terrorismo, destruyeron pueblos, volaron puentes, torres eléctricas y oleoductos, asesinaron campesinos y secuestraron a miles de personas; cuando pudieron utilizaron los procesos de paz.
También, y ante la imposibilidad para hacer lo anterior, optaron por utilizar el secuestro como arma de lucha combinada con campañas internacionales de desprestigio del estado colombiano y de búsqueda de respaldo político internacional. Habiendo afirmado categóricamente que no volverían a liberar unilateralmente, ahora anuncian una nueva liberación esperando desde luego beneficios políticos, por eso incluyen a los presidentes de Venezuela y Ecuador cuando todos saben que ellos no actuaron, por lo menos en lo diplomático, único canal en el que podrían hacerlo.
Si se trata de un acto de buena voluntad deberían liberarlos a todos, ante el Comité Internacional de la Cruz Roja, unilateral e incondicionalmente, alejándose de intereses mediáticos y sin incluir personajes de reconocida antipatía con el Gobierno.
Solo queda mantenerse en la esperanza de que el militar no haya sido apropiadamente aleccionado para que una vez liberado devuelva de alguna forma ‘el favor’ y se olvide del cruel secuestro en el que estuvo por tanto años y de quienes fueron sus victimarios culpando de ello a quien no debe.

