
“Y es que la vida no es vida ni es nada si no hay una estrella, en la que escribas tu nombre en la estela que deja al viajar . ” __________(Mestizo. “Una guerra feliz”)
Suelo decir que lo bueno que tiene el tiempo… es que pasa. No sabría como vivir en la eternidad de las cosas. A pesar de que siempre voy armada de un cargamento de paciencia, hay esperas que matan.
En cambio yo tengo la suerte (o la desgracia, según se mire) de que el tiempo pasa volando, me falta tanto, que parece siempre en una carrera constante a ninguna parte. Te descuidas y es verano, y apenas has perdido un poco el color del sol, un buen día de noviembre empiezan los preparativos prenavieños.
Hoy que ya estrenamos invierno, creo que es momento adecuado para cumplir con la tradición de mandar buenos deseos. Son unos días peculiares, si escuchas con atención te das cuenta que la mayoría de la gente reniega de ellos, pero aún así el ritual mágico de la Navidad se cumple año tras año.
Para mí apenas tienen un sentido religioso, más que el de los detalles con los que decoramos nuestras casas. Con el pasar de los años, me he convencido que estos días se celebra ante todo la natividad, el misterio de la nueva vida, que a todos nos llena de nuevas ilusiones. Es decir, que la Navidad es la fiesta de la infancia y que las familias nos reunimos al lado de ellos para volver a vivir a través de sus ojos el misterio una vez más.
Disfrutamos de estos días anticipando la sonrisa de satisfacción de los más pequeños y cuando faltan, todo pierde el sentido mágico. Los días se llenan de recuerdos para los que un día hicieron de nuestra Navidad magia, nos faltan nuevas ilusiones con que compensar las de antaño.
Hace años yo también odiaba estos días y temía su llegada. La persona que hacía que la Navidad cobrase sentido para mí, un buen día dejo de acompañarme y guiarme en el camino. Nadie queremos bajar de nuestro tren, más aún cuando dejamos proyectos pendientes. Pero el destino tiene muy mala idea y nos pilla por sorpresa. Nos deja a todos sin ilusiones y a los que quedan con un montón de nuevas responsabilidades que afrontar sin apenas compasión de si estás o no preparada para afrontarlas.
Ha pasado más de media vida desde entonces y hasta que yo no he llenado mis ojos de nuevas ilusiones la Navidad no ha vuelto a ser roja, blanca y verde, como era antaño. Hoy me toca a mí el encargo de que se cumpla de nuevo la tradición, de que los pequeños ojos brillen ilusionados, de diminutos detalles que transforman tu vida en una especie de cuento por unos días, de la sorpresa de no entender algo que parece muy grande, del chantaje de que los magos todo lo ven y que para conseguir los deseos tiene que ser uno bueno.
Así ha sido un año y otro año, no sabemos a ciencia cierta desde cuando. No sé si todos los pueblos lo festejamos igual, pero la mayoría sí, en cada rincón con sus peculiaridades. En todos los sitios estos fríos días se iluminan con el brillo de los ojos de nuestros pequeños, a veces a pesar de que nada se tiene un pequeño presente por humilde que sea continua la magia.
Y ante todo la escusa de reunirnos los que vamos quedando alrededor de los nuevos, recordando a los pioneros. De parar este ritmo loco y, con la escusa, compartir un poco de ese tiempo que siempre se queda corto para todos los propósitos que nos marcamos.
La importancia, no creo que esté en lo que gastemos al celebrarlo, sino en el hecho de compartir lo poco que tenemos, porque el marketing a veces se pasa de rosca y nosotros ciegos perdemos el norte. Nada es imprescindible, sólo tú y un poquito de ilusión para recrear la tradición una vez más.
Así veo yo desde dentro la Navidad.
Espero que la tuya también sea muy feliz.
“Y es que la vida no es vida ni es nada si no hay una estrella, en la que escribas tu nombre en la estela que deja al viajar . ” __________(Mestizo. “Una guerra feliz”)

