Homenaje a la mujer esclava y abuela de carga

Durante toda la vida entrega su esfuerzo, dolor, lágrimas y valor; y seguimos pidiéndole más y más, y llegando a la vejez, queremos exprimir la poca fortaleza que le queda hasta el último aliento.

No nos conformamos con que nos dé la vida, nos alimente con su sangre, nos entregue sus desvelos con abrazos cariñosos y cuide de nuestros hijos y hasta de nosotros mismos.

Pobre mujer, pobre esclava, pobre mula de carga. Como le cuesta encontrar el descanso merecido, tendremos que ir pensando cómo podemos pagar esa entrega y este dolor sin tener que arrepentirnos por haber llegado tarde a pagar esta deuda a la esclava que se ausenta.

Esperemos encontrar el banco donde ingresar esta deuda que tenemos con la mujer, con la esclava, y con la abuela de carga.

No lloro porque me voy, también lloro si me quedo. Para poder descansar, escapo, pero no puedo.

Julián López González