La Expo ya ilusiona a los niños


De colegio en colegio, Carmen Delia Gregorio transmite a los más pequeños la ilusión por la Expo 2008. Ellos, por su parte, se la devuelven con creces, la abrazan y le dicen que la echarán de menos. “Es algo que llena mucho. El otro día, cuando acabamos una de las charlas, se me abrazó una niña de 5 años y me dijo que me quería volver a ver. Los niños son muy ilusionantes para nosotros también”, explica.

Carmen tiene 26 años, es licenciada en Historia y ahora está haciendo la tesis en Arqueología. La pasión por la Expo le viene de familia. De hecho, fue su madre quién le animó a hacerse voluntaria de la Expo. “Lo había escuchado en los medios de comunicación, pero fue ella quien me dio el empujón definitivo, tanto a mí como a mi hermano, que tiene cuatro años menos que yo. Nos animó a apuntarnos porque decía que era algo que nos gustaría mucho y que nos aportaría muchas cosas”, relata.

Es más, su propia madre es voluntaria también y su hermano pequeño, de 9 años, simpatizante. “Como no podía ser voluntario, al ser menor de 16 años, y también quería participar, se apuntó como simpatizante”. Al final del día, cada uno de ellos comenta su experiencia. “Hablamos sobre lo que hacemos cada uno e intercambiamos opiniones”, dice.

Su labor como voluntaria comenzó hace ya casi dos años, el 14 de junio de 2006. “Recuerdo el primer día como si fuera ayer. Empecé plantando árboles en el meandro de Ranillas, el mismo día que se inauguró el Centro de Visitantes”.

Entró con la idea de “participar y formar parte de todo lo que se iba a gestar antes, durante y después de la muestra”. Y, desde entonces, dice haber cumplido “con creces” sus expectativas. “Es una experiencia muy gratificante y, además de que te estás formando en diversos aspectos, conoces mucha gente y vas creando buenas relaciones”, comenta. Hasta el punto de que “los voluntarios se convierten en una segunda familia y te unes mucho no sólo a los demás voluntarios, sino también a la ciudad”.

Respecto a la muestra internacional, se muestra ansiosa porque llegue el 14 de junio para ver “cómo es todo” y, especialmente, la Torre del Agua y el Pabellón Puente. “Se ha hablado tanto de ellos, que son lo que más curiosidad me produce”. Aunque no es lo único: “También el Pabellón de Aragón, el Acuario… ¡todo!”.

Una ilusión que, en su opinión, se deja sentir también en el resto de zaragozanos. “Yo veo que la gente está ilusionada y que tiene ganas de ver qué es, más ahora que está bastante avanzado. Hay muchas ganas de que llegue ya el 14 de junio”, asegura.

Y no sólo entre los adultos. “Los niños preguntan mucho y la verdad es que tienen bastante idea”, indica. “La mayoría dicen que irán y les hace mucha ilusión. También se interesan mucho por lo de ser simpatizantes”, concluye.