Desalojando la razón

Cuando un político pierde la razón, cosa que dicha sea de paso, suele pasar amenudo, lo único que le queda es la violencia, y en este caso, este gobierno tiene antepasados lejanos y no tan lejanos duchos en dicho aspecto.

Recuero cuando a finales de los 80 nos zurraban los maderos por el simple hecho de estar en la calle tomando un botellín en la víspera de un 20N, sin que estuviéramos haciendo absolutamente nada, ni cantando el “Cara al Sol”, ni portando banderita preconstitucional de ningún tipo. Tan solo pasaba alguna que otra vespino con dicho tipo de banderitas, que si bien puedan llamarse preconstitucionales, no son ni mucho menos ilegales, como tampoco lo es cantar Cara al Sol.

Pero claro, había que tomar represalias de todas aquellas correrías delante de los grises que tuvieron los que estaban en aquel gobierno de finales de los 80, 20 años atrás. Y así fue. Lanzaron a sus perros a por los chavales que estábamos por la calle (repito, que en mi caso sin hacer alarde alguno sobre ninguna ideología), y ¡zas! A hostia limpia, porrazos en la cabeza (que me salió un chichón como a Mortadelo), y a correr delante de la madera, rememorando aquellos años perdidos del franquismo.

Pensaba que eso había quedado allí, en las postrimerías de la década prodigiosa de los 80. ¡Pero no! Veintitantos años después, la cosa sigue igual. El gobierno actual tiene el mismo tinte que el de entonces, y los perros siguen tan fáciles de azuzar que en aquellos tiempos.

Ahora me pilla la cosa con cuarenta y pocos, pero en mejor forma física que entonces, lo que quiere decir que a lo mejor me paso a vociferar en contra de los que nos venden que en España no hay recortes o de los que disfrazados de sindicalistas se apoltronan en sus sillones, o de los que tienen más corruptos en sus listas que propuestas en su programa.