
Hay fechas que quedan grabadas para siempre, el 3.3.11, será una de ellas para mí.
Una mañana de frio invierno en Madrid, dos almas gemelas se daban el “sí quiero” dos enamorados que unían sus vidas para siempre.
Cuando el destino hace que la vida de dos personas se cruce, no hay ninguna clase de fuerza que lo pueda evitar, el destino es un misterio que llevamos consigo, estamos predestinados, incluso en el amor.
La boda fue muy emocionante, muy íntima y muy celebrada, dos familias que no se conocían quedaron unidas por ese vinculo matrimonial, dos familias que les separaba el idioma, se comprendieron perfectamente, cuando el amor está por el medio no hay fronteras nos entendemos perfectamente.
Ese día (aunque a ratos nevaba) el sol resplandecía con todo su esplendor, los novios radiaban de felicidad y contagiaban a todos los asistentes, ese día me sentí realmente feliz.
Y como en todas las bodas que se tercie, siempre hay alguien que dice:
¡¡¡VIVAN LOS NOVIOS!!!



