Llama un amigo: Hay cena, es urgente. Celebro algo.
¡Pues vaya!

El rojo salió a fumar, el de misa diaria se metió en el baño y yo me quede en la mesa estrechamente vigilado por el camarero. ¡Ahora es cuando yo echo a correr!, bromeé. El camarero tensó sus músculos y me miró frunciendo el ceño. ¡Joder, vaya mierda de país!, se ha perdido hasta el humor -grité en silencio-. Cuando se incorporan mis amigos les cuento la escenita.
Para no echar más leña al fuego, desvié la conversación:
-Nos íbamos a comer el mundo, ¿os acordáis?, ahora es el mundo el que nos come a todos; algo se nos pasó por alto. -B, el rojo, tomó el relevo
-No contábamos con la cantidad de joputas que hay; el político que no está imputado por alguna trastada es que no lo han investigado. Están todos pringados.
-Es la falta de valores -tercia el otro-
-Sí, -añado con afán conciliador- es la cantidad de joputas sin valores que andan sueltos.
-Bueno, chicos, ha sido un placer -remato-. La próxima cena la organizo yo; conozco un lugar clandestino donde nos dejan fumar.
-A ver si nos meten en la cárcel por fumar…
-Esa es la idea. Así, cuando vayan entrando los joputas sin valores, les vamos dando capones.
-¡Sea!


