Ni Adán ni Darwin

Por partes:


Primera: lo de Adán y Eva, no. El adanismo, el creacionismo y otras fábulas similares las guardamos en la carpeta de Mitos y leyendas. Por el bien del cristianismo. Ya me explicaré.

Segundo: la teoría de la evolución…ummm…hasta que esta verdad revelada sea sustituida por otro dogma, lo aceptamos con matices. Digamos que sí, que comenzó una evolución, pero que poco después sufrió un parón.

Constatación empírica:
-Las piernas. Observen que la parte más expuesta a los golpes es la menos protegida: las espinillas. En cambio, la parte trasera está convenientemente acolchada por los músculos y la grasa; ¿para qué? por ahí difícilmente tropezamos. Podría extenderme en otras contradicciones corporales, pero no es el caso.
-La alimentación: veneno puro. Lo que más nos gusta es veneno puro para nuestro organismo, es incompatible con un cuerpo que no necesita estar todo el día perdido por la selva procurándose alimentos ni somos nómadas en transito perpétuo. Hay trenes, coches y aviones; sentaditos y con un bocata de jamón. Algo falla: o nuestras necesidades y preferencias alimenticias no han evolucionado a una vida sedentaria o nuestro cuerpo no se ha adaptado a los usos y costumbres de los últimos miles de años.

Consecuencias: Nos vemos obligados a hacer cosas tan antinaturales como someternos a una dieta que no nos apetece o a ejercitar un cuerpo diseñado para actividades que nada tienen que ver con la tele y el sofá, es decir, con lo natural

Y digo yo, ¿acepta la Iglesia que Dios, sabio y perspicaz donde los haya, nos creó con tan dolorosos defectos?
Y digo yo, dos: ¿después de millones de años de evolución no han conseguido adaptar nuestro cuerpo al día a día?

Mi médico, un revisionista de la teoría de la evolución, me dice que lo que la naturaleza me ha concedido no es suficiente, que debo tomar pastillas y hacer ejercicio….¡qué ganas tengo de que termine la evolución de una puñetera vez!