-El que está en la penumbra hablando con Thomas es el inspector
-¿Gracia?
-Sí, y ya sabes, con lo de los asesinatos…
-¿Qué asesinatos?
-¿Dónde has estado metido, Jota, no te has enterado de los crímenes, del enano y el botón rojo?
-¿De qué hablas, Lola? Vengo de Italia, viaje de trabajo, y todo esto me coge de nuevas.
Me puso al día mientras me servía un gintonic. En realidad -concluyó- todo son especulaciones, porque el inspector solo habla con Thomas, y ya conoces al jefe: no suelta prenda.
Lola, eso me gustaba pensar, estaba más interesada en mis historias:
-Pero bueno, Jota, ¿y qué hacías tú en Italia?
-Trabajo. Lola, trabajo. En realidad una bobada, pero la cosa no está para dejar pasar un encargo. El trabajo está muy malo, Lola. Los ministerios recortan cada día más, apenas tienen presupuesto para espiar, y menos para contratarnos a nosotros, a los espías privados.
-¿Por qué no te dedicas a perseguir a mujeres infieles, a empleados que se escaquean del curro o a puteros, por qué no trabajas de detective privado?
-Soy espía, no detective, Lola. He trabajado para todos los gobiernos de este país desde hace treinta años. Hasta que me han echado, bueno, ellos dicen que han exteriorizado los servios de espionaje por recortes presupuestarios. Soy un espía autónomo, Lola. Yo vigilo gobiernos, bandas terroristas y grupos de presión, no a mujeres despechadas o a hombres astados.
-¿Y qué espiabas en Italia?
-No puedo hablar de mis misiones, Lola. Pero bueno, este caso ha sido una perdida de tiempo. Se lo dije al Ministro plenipotenciario: mire, ministro, le puedo pasar ya el informe, sin ir a Italia, sin investigar. Parece que no conoce usted a los políticos españoles, ministro. Y efectivamente, Lola, no hay indicios de que alguien del Gobierno patrio esté metido en las fiestas de Berlusconi. No, las correrías del italiano no van a salpicar a los españoles.
-Ya, ¿y cómo sabes eso antes de investigar?.
-A los españoles nos corrompen por el bolsillo. Los asuntos de bragueta los resolvemos en privado. Dudo mucho que un ministro se deje llevar por una sobrina fantasma de algún sátrapa africano. No nos dejamos embaucar tan fácilmente
Lola me miró, sonrió y me cambió el gintonic viejo por otro fresco.
-Dime, Jota -arrastraba las palabras, las ralentizaba, las dejaba reposar con un tono bajo y suave- ¿dónde está tu botón rojo?
-Confío que me lo regalen, Lola. Espero que me lo pongan despacio, con mimo; que elijan, por mi, dónde colocarlo y cómo sujetarlo.
-Jota, advierto cierto acento italiano..
-Ya sabes, soy de letras…estudié latín.
-¡¡Jota!! -mi nombre resonó con fuerza y me devolvió la mundo real, era la voz del inspector
-Inspector, un honor saludarle
-Permita que le regale un botón rojo, tan de moda últimamente…


