Anoche hice un esfuerzo por asistir al estreno de la nueva serie de Álex de la Iglesia en La 2. Tenía mis esperanzas puestas en él: el miércoles es el único día que puedo ver algo de tele y la oferta, la verdad, era, hasta ahora, deprimente.
Sin embargo, de la Iglesia me defraudó. A ver, me esperaba ciertamente esos mismos chistes de siempre, y ese aire retro de los 70 con pegatina de Mirinda incluida en el chasis de la nave espacial. Sin embargo, al guión le faltaba ritmo, los chistes estaban a medio acabar, los personajes se quedaban a medio camino: ni actuaban bien (la naturalidad brilla por su ausencia en estos productos), pero tampoco llegaban al histrionismo que les puede dotar de algo de gracia.
Así que me quedé con un palmo de narices, cara de boba y, qué le voy a hacer, la esperanza, de que les den un poco de tiempo antes de quitarles de la parrilla, para ver si cogen ritmillo.
Por cierto, me dio la sensación de que ya había visto antes el argumento, los personajes, el vestuario y hasta la nave ¿No formó parte como sketches de La Bola de Cristal? Es como si apenas hubiera pasado el tiempo. Qué triste!

