La Otra Zona

Un mundo de contrastes. El otro lado de “la zona mileurista”.

¡Paren el mundo que me quiero bajar!!

Algunas veces, realizamos buenas acciones sin que los demás sepan ni sospechen quien es el benefactor anónimo. Para algunos esta buena acción no tiene nada que destacar, los dejan más o menos indiferentes otros ni siquiera reparan en ello. Los que mejor nos conocen pueden llegar a detectar o sospechar algunas de ellas, pero a la mayoría se escapan sutilmente en el desarrollo de nuestras acciones cotidianas.

Por otra parte, derivan las acciones de sentido común y civismo, esas que se hacen por condición natural de las personas y no dependen de normas ni sanciones.

En ocasiones perdemos la esperanza y percibimos que, en este pequeño e insignificante astro perdido en un inmenso espacio infinito gobierna el caos y la ley del más fuerte.

Ocurre cada día, en la cola del bus, en la oficina de empleo, a la entrada de un ascensor, cuando se abren las puertas del metro y nadie sigue las indicaciones”dejen salir antes de entrar”. En definitiva; “sálvese quien pueda”, “tonto el último”…

Siempre he procurado cumplir y respetar las normas y respetar a mis conciudadanos. Hasta en las cosas más simples, soy de los que llevan un papel en la mano hasta encontrar una papelera, a veces acaba en el cubo de la basura de mi propio domicilio.
Hoy he tenido la sensación de que algunos individuos “espabilados” nos toman al resto por pardillos.

A la entrada de la ciudad hay unos “bonitos” carteles que prohíben circular a más de 80 Km/h. Perfecto, mantengo la velocidad máxima permitida. A lo largo de unos cuantos kilómetros me adelantan todos, y cuando digo todos son; ¡T-O-D-O-S! Coches , camiones autocares, motos… (bicicletas no circulan por autopista). Estas aptitudes incivicas las vemos constantemente y, de nada sirve legislar. Para algunos la convivencia, el orden y el respeto son palabras que no estan en su vocabulario. Las normas no existen. Con ley o sin ley hacen lo quieren y desprecian a los demás.

Estos individuos necesitarían de una perpetua vigilancia y como eso es imposible nos hacen sentir como idiotas al resto de ciudadanos.

“¡¡Paren el mundo que me quiero bajar!” (creo que fue Mafalda del genial Quino ) si fuera tan fácil más de uno lo habría hecho hace tiempo.

Pensándolo bien, lo mejor seria poder tener un mundo a la medida para que cada persona hiciera con el suyo lo que le viniera en gana. El que lo destruyera en cuatro días que luego no viniera llorando al resto y cargara con todas las consecuencias. Por lo menos el daño se lo haria a el mismo y su mundo particular.

Si esto fuera posible haría realidad mis sueños y os enviaría una invitación a mi mundo.

Este video de Bruce Branit, “World Builder”, es una historia preciosa, con imágenes reales y efectos especiales. Un triste y bello sueño de realidad virtual.

¡Paren el mundo que me quiero bajar!