He escogido el título de Afortunada para mi blog, en un arranque de optimismo, en un momento en el cual estaba inspirada por las cosas positivas que veía en mi vida y muy agradecida por la oportunidad de compartir con los demás ese optimismo.
Porque puedo decir de verdad que soy Afortunada, con A mayúscula, porque tengo una familia a quien quiero y que me quiere a pesar de que yo no esté cerca de ellos; porque tengo trabajo y por poco tiempo me he visto sin trabajo aquí en España; porque siempre he contado con un lugar donde vivir, donde dormir podría decir, en una cama calentita y he conocido gran cantidad de gente maravillosa por estos lares, gente de aquí y gente venida de fuera. Porque salvo una incipiente alergía que se ve muy influenciada por mis estados anímicos y emocionales, tengo salud y un bonito cuerpo. Y todos los días hay comida en la mesa.
Y sin embargo si leo mis últimos comentarios puedo horrorizarme, no parece que me sintiera para nada afortunada (ni con a minúscula), me quejo sobre las cosas que no me gustan de aquí, costumbres que no entiendo porque no las practico y veo que no tengo suficiente apertura y tolerancia como para dejar que no me molesten esas que yo llamo “incoherencias” de una sociedad; me dejo afectar tanto por lo que dice y/o piensa una amiga de mí que paso por “víctima” (en estos momentos he retirado el artículo en cuestión, necesito comprender porque he llegado a atraer semejante situación en mi vida antes de seguir ventilando mi malestar); me molesto porque la mayoría de los tipos que conozco por aquí tienen (como decía mi amiga L), la cabeza entre las piernas, así que aunque dicen ser amigos, no dejan de insinuar la posibilidad de “enrollarse” conmigo (y con la mujer que tengan enfrente) a la primera, y aunque se supone eso debiera ser un halago, me disgusta y me fastidia que no haya ni un solo hombre soltero que me vea como persona, y no como una vagina y un par de tetas. Ni uno solo que pueda entender que me siento persona antes que mujer.
Me quejo, me quejo, me quejo. Y me siento terriblemente triste y llena de nostalgia porque extraño con intensidad a mi familia, a mi mamá, a mi papá y aunque una parte de mí quisiera volver aún aquí, otra cree que mejor se va a casa y no regresa más, porque no soporto esta sensación de querer un abrazo de mamá y estar tan lejos. Y me cuestiono cual habrá sido el beneficio que habré sacado con esto de dejar todo allí y venirme aquí (como si debiera haber inevitablemente alguno), que justifique el peso de la nostalgia principalmente.
Y podría enumerar unos cuantos, pero no estoy segura de conformarme con ellos tampoco. De modo que con tanta queja y desánimo que acumulo últimamente, hace mucho ya que no duermo bien, tengo desórdenes del sueño desastrosos. Y paso noches de insomnio y no puedo conciliar el sueño dándole vueltas a las cosas. ¡De poder dormir en cualquier lugar donde me tendiera de hace unos años he pasado a noches en vela teniendo toda una cama! Y sé que es por el peso de tanto a lo que le doy vueltas. Y el peso de la culpa que insisto en cargarme encima cada vez que me descubro cuestionandome si no me habré equivocado (y eso que sé que hacerlo es una pérdida total de tiempo y energía, pero una cosa es para mí saberlo y otra practicarlo, como leí en un libro de Cristhian Jacq, una cosa es conocer y otra encarnar, vivir ese conocimiento, y vaya que sé a qué se refiere).
Y eso es porque ahora no me siento afortunada para nada. He dejado de practicar el ver lo positivo y puedo ahogarme en lo negativo. Y no me gusta esto que he creado, esta que estoy siendo. No me gusta. Ya no me gusta lo que he creado para mí. No es eso lo que tenía en mente precisamente cuando me sentía Afortunada.
Y o hago un esfuerzo consciente para reencontrar a esa persona afortunada que tiene que estar aún bajo este montón de chatarra negativa que estaba acumulando o tendré un serio problema.
…Además que de continuar escribiendo éste, tendría que cambiarle el nombre a mi blog…


