Afortunada

Trabajo, vivo en Madrid, entre otras cosas.

Me voy

Porque no supiste entender a mi corazón,

lo que había en él,

porque no tuviste el valor de ver quien soy.

Porque no escuchas lo que está tan cerca de tí,

sólo el ruido de afuera y yo que estoy a un lado desaparezco para tí.

No voy a llorar y decir que “no merezco esto”,

porque es probable que lo merezco pero no lo quiero, por eso

Me voy, qué lástima pero adiós,

me despido de ti y me voy, qué lástima pero adiós, me despido de ti.

Porque sé que me espera algo mejor,

alguien que sepa darme amor,

de ese que endulza la sal y hace que salga el sol.

Yo que pensé: nunca me iría de tí que es amor del bueno, de toda la vida,

pero hoy entendí que no hay suficiente para los dos.

No voy a llorar y decir que “no merezco esto”,

porque es probable que lo merezco pero no lo quiero, por eso

Me voy, qué lástima pero adiós,

me despido de ti y me voy….

“Me voy”. Letra y música: Julieta Venegas.

¡Qué gran letra!!! Mis respetos y un caluroso aplauso, y muchos más que solo uno, a la Julieta Venegas por esta canción. Es la segunda en la lista de su disco Limón y Sal (la letra viene con el CD). La he escuchado muchas veces en realidad, y sigue siendo buena.

Hace mucho la había escuchado, y me encantó la música; en esos momentos no consideré tanto la letra, pero estaba bien, buena música y el mensaje bien claro, si no te gusta algo y no lo puedes cambiar, mejor te vas. Buena actitud.

Rosario, mi amiga, una persona maravillosa y sabia en su actitud de disfrutar de la vida como pocos que conozco logran hacerlo (yo aún me encuentro del lado de los sufridores más veces de las que desearía), me decía que adoraba esa música porque expresa la manera más sabia (y acorde a las leyes del universo) para actuar ante las situaciones de la vida, y no solamente en el campo de las relaciones amorosas.
Pues probablemente todo lo que nos suceda nos lo merezcamos porque en algún momento deseamos tal o cual cosa, y esta nos llega, pero confundidos como a veces vivimos nos hacemos un lío con nuestros sentimientos así que las situaciones se nos aparecen de maneras complicadas, pero son las que en algún punto deseamos, así que probablemente nos las merezcamos. Pero si no son lo que queríamos, si nuestra creación al final no nos gusta, en vano será llorar, patalear, gritar; la mejor manera de lograr algo mejor es soltar, dejar partir, o irse. Decir “ya no quiero esto, y me voy”. Que perdemos menos fuerza en ello que en intentar cambiar lo que no nos gusta. Y me encantaba escuchar a Rosario como desmenuzaba la canción para explicarme lo que una música puede contar.

Pero no podía aplicar esa receta a mi vida, eso que tenía una relación (o creía que la tenía), que me brindaba la ocasión perfecta para aplicar esa idea, pero no podía. Estaba frustrada, decepcionada, dolida, por haberme enamorado hasta los huesos de alguien que no me quería, no estaba enamorado de mí, pero al mismo tiempo no tenía el coraje de decírmelo, quizá ni tenía el coraje para decírselo a sí mismo. Y odiaba que fuera así, pero durante mucho tiempo no creía posible irme. No podía imaginarme siquiera decir adiós. Reconocer que si no lo merezco, tengo que hacer algo al respecto.
Y quizá lo sabía, sabía que él no era sincero, pero tampoco me animaba a enfrentarme con ello. Mediante el bucear por internet, descubrí que me estaba mintiendo: me relataba una situación que las fotos que colgaba en su cuenta de Hotmail y la de Facebook, desmentían. Recién ahí, al toparme de frente con la cruda realidad, comprendí que no, que no había nada allí, que era yo la que se aferraba a lo que quería encontrar en él. Yo era la que quería que él fuera “amor del bueno, para toda la vida”.
Me resultó provechoso eso de andar metida en internet. Gracias a internet, también.

Probablemente podía (debía) darme cuenta de que allí no había lo suficiente mucho antes, pero me aferré a él y a mi idea del gran amor que sentíamos uno por el otro. No quería aceptar que no fuera, que ahora que al fin me había enamorado así, eso no fuera “el gran amor de mi vida”, era algo que no podía soportar. Así que si él evitaba confrontar, yo también lo aceptaba, porque creía que dolería menos fingir que cortar de una vez por todas.


No era capaz de decirle “adiós”, de creer que podía encontrar algo mejor. Supongo que eso es falta de amor propio, ¿es que en mi afán de “amarlo” a él, me menospreciaba? Vaya, qué complicada la naturaleza humana. Y qué lios pueden armarse en torno a la idea de AMOR.
Pero recién al ver esas fotos suyas colgadas en la red, tuve la confirmación de que sí, de que “no hay suficiente para los dos”, porque él tiene una larga lista de amigas (algunas las conozco, la mayoría, no, aunque eso no importa ya), …y ya seríamos multitud.
Así que tomé la decisión de que no merezco esto, y le dije adiós. No le dije eso de “me voy”, porque en todo caso él es el que ya estaba lejos, el que se fué de mi lado (aunque llamaba diciendo que no lo olvidara, que volveríamos a vernos pronto, y, y), así que no me iba a ir yo, por lo menos físicamente no cabía decir eso,aunque quizá al dejar de aferrar su recuerdo, sí me estaba apartando y también esa fuera una manera de irme de esa situación.
En definitiva, le dije adiós. Decidí que merezco amor del bueno, y acepté al fin que él no puede dármelo. Le llamé y se lo dije, lo hice, de una vez por todas. Y me sentí muy orgullosa por haberlo hecho. ¡Bravo por mí!
Y por eso también le debo a Julieta Venegas el empujoncito. Por eso mi pequeño homenaje para ella, recordando este su precioso tema.
¡¡¡Bravo por tí, Julieta!!!
Y Gracias.