Tengo amigos que simpatizan con el Carlismo, el tradicionalista de toda la vida cuyo lema es: “Dios, Pátria, Rey y Leyes viejas que han recibido la noticia de don Carlos Hugo de Borbón y Parma con cierta indiferencia y pesar. Y es que no es para menos, puesto para los Tradicionalistas más conservadores don Carlos traicionó todos los principios carlistas fundando un partido de ideología socialista autogestionario carlista que en las primeras elecciones como muchas otras fuerzas políticas de toda índole y condición vieron fracasados sus esfuerzos en las primeras elecciones de 1977.
En mi opinión don Carlos Hugo quiso dar actualización a una fuerza política cuyo ideario político y social es irrealizable. La sociedad española no llegaría a aceptar una Monarquía Tradicionalista, por lo menos en un sistema político basado en una teocracia.
La teocracia carlista hace aguas por todos lados, es una utopía en la cual ya sueñan pocos y contradice la Doctrina Social de la Iglesia Católica, lo aprobado en el Concilio Vaticano II entre otros y al propio Papa Benedicto XVI, que aprueba un laicismo sano donde la separación Iglesia – Estado permita la convivencia y el respeto mútuo de ambas instituciones. En definitiva: a Dios lo que es de Dios y al Cesar lo que es del Cesar.
No se pueden imponer por la fuerza unos ideales ni unas leyes basadas en una religión y unas tradiciones aunque estas estén arriagadas dentro de la cultura y el sentimiento de una nación. Luego la teocracia con el tiempo se convertiría en una dictadura tiránica al uso de la República Islámica de Irán o como sucedía en la España franquista con el nacionalcatolicismo de cuyas consecuencias aún seguimos siendo acreedores.
Don Carlos Hugo tuvo un buen sentido común, la pena es que la ni mayoría de sus correligionarios, ni su misma familia le comprendiesen ideológicamente. Así quizás el Carlismo tradicionalista siga siendo una fuerza residual con utopías por idearios políticos.


