Hay personas que nos merecen un respeto enorme porque creemos que son unos señores, unos grandes profesionales, nos dan confianza allí donde nos lleven, con sus grandes naves y su sabiduría, creída por nosotros más por las novelas que por la realidad.
Pero, ¡ vaya chasco! cuando te desmuestran que son insulsos, miedosos, torpes, engreidos, zafios, cobardes, cuando dan la cara realmente ante las inclemencias o problemas enormes y gordos que ellos mismos provocan.
Parece increíble, pero así es éste capitan de navío perdido.


