El País de las Ideas

El fenómeno de rechazo, abandono, o auto devaluación de la propia cultura, viene dramáticamente vivido en América Latina, constatable en los millones de personas que cada año emigran a otro país más industrializado… a ellos, les envío un lazo de unión

Acallar la propia vanidad

Ayuno de palabras inútiles


Acallar la propia vanidad y no pronunciar palabras que son incienso orgulloso del propio ego


Autor: Álvaro Correa | Fuente: Catholic.net

Hace algunos años, los obispos franceses pidieron a los cristianos realizar un ayuno muy particular: renunciar a palabras inútiles y emplear palabras para dar testimonio.
Hoy retomamos el tema ya que quizás muchos no nos planteamos con seriedad qué palabras saltan el cerco de nuestros dientes -parafraseando al poeta Homero.

Reflexionar. Nuestro modo de pensar, a veces tan poco orientado, no deja espacio a una serena reflexión sobre las expresiones que utilizamos.
Decimos lo primero que nos llega a la boca y después, vistas las consecuencias, nos viene el remordimiento de no haber dicho lo que deberíamos o de haber dicho lo que no deberíamos decir.
Queremos entonces dar marcha atrás y pretendemos en vano arrancar al viento nuestras palabras.

¿Hay de verdad “palabras inútiles”?

El hombre de pensamiento y juicio superficial diría que no, pero incluso los niños, en cuanto estrenan su uso de razón, se dan cuenta de que ciertas palabras y expresiones “no las deben decir”.
Tal vez, con la mano sobre el pecho, cada quien debería reconocer la ristra de “palabras inútiles” que ha pronunciado y que giran el mundo hiriendo a todo pobre mortal que cruza por su camino.


Búsqueda de sentido. “La Cuaresma es un momento privilegiado de búsqueda de sentido” -dicen los obispos franceses.
Es ciertamente un camino de preparación hacia la Pascua, en el que buscamos caminar con mayor firmeza sobre las huellas de Cristo, obediente por amor hasta la muerte de cruz.
La invitación a la penitencia, a la oración, y a las obras de caridad viene a tonificar el alma y a purificarla del pecado para mejor disponerla a “morir y resucitar con Cristo”.


Palabras testimonio. El ayuno de “palabras inútiles” y la exhortación a emplear “palabras de testimonio” se insertan perfectamente en este triple camino de penitencia, de oración y de caridad.

Acallar la vanidad. Es en verdad una grande penitencia acallar la propia vanidad y no pronunciar palabras que son incienso orgulloso del propio ego.
Duele también contener la respuesta acalorada ante una humillación o un insulto.
Cuesta sujetar las críticas que saltan de la lengua como de un trampolín cuando uno es contrariado y la soberbia se yergue en desafío.

Dominar la lengua. Ya decía el apóstol Santiago que quien domina su lengua es “un varón perfecto”.
Da pena ver cómo hay personas que se juzgan enraizadas en el círculo de sus amistades cuando su lengua se embarra con palabras soeces o expresiones de doble sentido.
¿Piensan que siendo malhablados serán mejor escuchados?
Tal vez se sientan más seguras de sí mismas por sus palabras gruesas, pero uno queda sumamente incómodo al escucharlas.

Pobreza de espíritu. El condimento insustancial de las “palabras inútiles” no hacen más que desvelar una inmadurez humana y pobreza de espíritu.