Fobias sexuales

                                       

Se habla poco en los medios de comunicación de las fobias sexuales, aunque supongo que a nivel clínico si se tratan estos temas a diario sin ningún  tipo de complejos.

Sabemos, eso si, de las filias, o sea, las adicciones sexuales, porque esa es una de las etiquetas que la sociedad pega en la espalda de aquellas personas que tienen deseos sexuales desmedidos o ciertas particularidades en sus gustos. Eso es incluso noticiable en los mentideros nacionales, donde se pone de vuelta y media a todo el mundo. No es extraño asistir a verdaderos conciertos de etiquetamiento y definiciones por parte de las “reinonas” del corazón, que lo saben (o dicen) todo de todos, con preferencia manifiesta por los gustos y disgustos y el último “asunto” de tal o cual famoso, famosete, o politicastro al uso.

Las filias se llevan – como el Sambenito – toda la vida, y sirven para definir a la persona sin darle la menor importancia a sus cualidades humanas o profesionales. Parece como si la sociedad – como dijo álhguien en su día en una película – diese prioridad al sexo por encima de la política, el dinero o el poder. Vamos, como si todo en este mundo  funcionase a golpe de sexo.  Encuentro un tanto exgerada la afirmación, aunque si es verdad que muchos negocios, pactos políticos o relaciones comerciales termninan sellando esos acuerdos con sexo. Y esto ya no es exageración, puesto que la costumbre, originaria de Japón, segun cuentan, se ha extendido ya a todo el mundo. Es una manera de celebración de haber llegado a la consecución de algo con éxito, de la manera mas ancestral que se conoce, a la que se han añadido los “refinamientos” de nuestros días.

Sin embargo de las fobias,es decir, el rechazo a ciertas prácticas sexuales o al sexo mismo no se habla porque es como un estigma que hay que evitar comentar, a no ser con familiares o personas muy allegadas.

Es sorprendente como puede haber individuos que por problemas mentales le tengan fobia (auténtico asco) al sexo, sin ser fanáticos religiosos, ni nada por el estilo. Lisa y llanamente porque padecen un bloqueo que les impide disfrutar con plenitud de la práctica sexual. Lo terrible es que esas personas sienten a la vez el deseo pero no pueden llegar a realizarlo por temor.

¿Sabíais que hay fobias al beso o a ver los genitales de la pareja o a rozar  siquiera a otra persona?…

En fin, que hay muchas asignaturas pendientes que resolver, cuyos protagonistas las padecen con sufrimiento, y que solamente la psicología(sexología en este caso) puede curar.

                                       

Una mujer de 40 años se acerca al consultorio y reconoce que es virgen. “Perdí muchas parejas por esta razón, esta es mi última chance y estoy decidida porque hay alguien que me gusta de verdad”, dice. Después de la consulta el sexólogo le diagnostica vaginismo (es la contracción involuntaria de los músculos de la vagina) combinado con la fobia a ser penetrada. A la próxima sesión la mujer no volvió. “Es el miedo a que se le cure ese mal”, explica a LA NACION el sexólogo y psiquiatra especialista en fobias sexuales Adrián Sapetti.

Las fobias se definen como una especie de miedo excesivo a un ataque que no va a venir. Las sexuales, específicamente, se ejecutan respecto de la condición sexual y/o genital de las personas. Por este motivo, alguien que la padece intenta evitar el encuentro sexual o íntimo: se da la paradoja de que el sujeto desea, pero a la vez teme.

Hay distintos tipos de fobias sexuales: al beso, al contacto genital suyo o de su pareja, a ver los genitales, a hablar de sexo, a ver una mujer hermosa, a los olores sexuales, a los pechos pequeños o grandes, al tamaño del pene, al embarazo, a ser penetrada, a penetrar y la lista sigue. Respecto de estos últimos, son los más difíciles de abordar porque no se concreta el coito y suelen derivar en matrimonios no consumados, una realidad más habitual de lo que se cree.

Pero, ¿existen tratamientos efectivos para curar este tipo de fobias? Los especialistas consultados coinciden en que sí: proponen combinar terapia de desensibilización con medicación para controlar la ansiedad en caso de ser necesario (recomiendan una clase de antidepresivos como los inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina).

Adrián Helien, médico psicólogo y sexólogo del Hospital Durand, se explaya en los diferentes abordajes que exigen estas fobias, que pueden tener diferentes niveles y especificidades. “La terapia cognitiva conductual es la que ayuda a la sensibilización necesaria para curar estos trastornos”, manifiesta en diálogo con LA NACION. Según explica, esta terapia consiste en un acercamiento paulatino de la persona a sus fobias; en esa escala de aproximación se logra bajar los niveles de ansiedad que son los que anteceden al miedo.

Así, por ejemplo, si una mujer teme ser penetrada el terapeuta empieza a trabajar sobre la percepción que ella tiene sobre su cuerpo y así avanza paso a paso en unas 10 ó 12 sesiones hasta que logra superar su fobia. “A veces, se hace necesario acompañar las sesiones de terapia con una medicación tipo antidepresivo para superar la ansiedad”, aclara Helien. Esto ocurre en uno de cada cinco casos, aproximadamente.

El profesor de sexualidad y salud de la Universidad Abierta Interamericana, León Gindín, coincide en los pasos a seguir. Aclara que no son miedos fáciles de curar, pero que con su equipo desarrollaron un método intensivo de pocas sesiones largas con garantías de resultado. Se focaliza en lo que considera la fobia más severa: el miedo a penetrar o ser penetrado. “En 7 u 8 sesiones de terapia de sensibilización, la última de unas 6 horas, garantiza que en el 97% de los casos tiene éxito y la persona puede concretar el coito”, señala.

Matrimonios blancos

Un matrimonio no consumado por 18 años. Disfunciones y fobias compartidas: ella vaginismo, él disfunción eréctil y eyaculación precoz alternativamente. “Cuando uno estaba preparado, su pareja no podía. Una locura compartida. Había también depresión de ambos”, relata, a modo de ejemplo, Sapetti, presidente de la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana (SASH).

“Ahí era necesario una terapia de desensibilización con un tratamiento paulatino e integral. Así, en algunos meses la pareja logró superar sus miedos y fobias mutuas”, comenta el médico especialista en psiquiatría, psicoterapeuta y sexólogo. Se fueron yendo los miedos y fue la cura de las disfunciones sexuales asociadas.

Según una estadística del Centro de Educación, Terapia e Investigación en Sexualidad (CETIS), unas 80 mil parejas argentinas constituyen matrimonios no consumados, es decir, aquellos en los que no hay penetración vaginal por un tiempo prolongado después del casamiento.

Gindín también maneja esas cifras. “Se estima que el 1% de los matrimonios tienen este problema y son alrededor de 8 millones las parejas casadas”, reflexiona y llega al mismo número del estudio.

El sexólogo enfatiza que la fobia a la penetración es una de las “más terribles” porque impide el coito y esto tiene su correlato en la insatisfacción del deseo sexual y en la imposibilidad de procreación. “Muchos matrimonios se acercan a la terapia después de varios años de querer ser padres”, informa el especialista. En todos los casos es importante recalcar que, más allá de que la fobia pueda ser de uno de los integrantes de la pareja, el síntoma se resuelve de a dos.

Algunas fobias sexuales

Agrafobia : miedo al abuso sexual

Erotofobia : miedo a hablar sobre cualquier tema erótico o sexual

Eurotofobia : miedo a los genitales femeninos

Falofobia : miedo al pene

Genofobia : miedo al sexo

Gimnofobia : miedo a la desnudez propia y ajena

Heterofobia : miedo al sexo opuesto

Venustrafobia : fobia de los hombres a las mujeres hermosas

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