COCINAR Y ESCRIBIR(o viceversa)

Go to fullsize image
Cuantas veces padres y profesores nos han advertido de la necesidad de hacer las cosas ordenadamente: “Acaba primero lo que estás haciendo y luego ponte a otra cosa, porque si quieres hacer varias cosas a la vez no harás bien ninguna”.
Siento disentir, aunque con matices. Si, es verdad que el orden es necesario para ciertas cosas y que, sin el, puede originarse un pequeño caos que lleve al traste ciertos trabajos; pero, no es menos cierto, que hay otras que, por su naturaleza, soportan bien un cierto margen de “desorden”: la cocina o la escritura, por ejemplo.
Voy a explicarme: la cocina es una de las actividades que permiten estar pendiente de varios fogones, horno o microondas a la vez. Naturalmente me refiero a la cocina casera de los cocinillas que no nos dedicamos a ello profesionalmente, pero si diariamente por necesidad y/o placer. Que la cocina profesional es otra cosa muy distinta en la que cada pinche, maestro o chef tiene un cometido marcado en todo momento y nadie se sale de el ni un milímetro – aún sabiendo hacer todo lo demás -, pero es mas por una cuestión de rapidez y eficacia que de orden en sí.
La cocina casera es la que permite simultanear un cocido en un fogón con un asado en el horno y unas patatas fritas en la sartén o freidora consiguiendo – a poco que se preste un poco de atención – que salga todo bien, siempre, claro está, que se tengan unos “mínimos” conocimientos tanto de los alimentos como de los tiempos de cocción y las temperaturas.
Otra de las tareas a la que no puede aplicarse la máxima del principio es la escritura( al menos en mi caso): a menudo estoy escribiendo un artículo y, de golpe, se me ocurre una idea para añadir a un relato que tenía empezado y había dejado por cansancio unos días antes; inmediatamente paso de una cosa a la otra sin merma para ninguna de las dos(o tres, a veces), aunque no tengan absolutamente nada que ver. También es frecuente en mi simultanear escritura y cocina, porque no es cuestión de andar olvidando ninguna idea por no haberla anotado a tiempo a causa de que en ese momento estaba enfrascado en mis “lentejas ilustradas”; que las musas acuden cuando a ellas les apetece y no saben de esperas “porque ahora estoy cocinando”. Por ello, me resulta particularmente útil el portátil en la mesa de la cocina en “stand by”, Go to fullsize imagepor si se me ocurre algo, pero también por si, cocinando, añado algún nuevo ingrediente a las recetas que les da un sabor especial y debe guardarse en el disco duro para que no caiga en el olvido. En mas de una ocasión los aromas de la cocina, y el chup chup, son la música de fondo mientras escribo, aunque no tenga nada en común el argumento con la gastronomía: como si el atender ambas tareas al unísono me mantuviese alerta, abriendo algún resorte escondido que seguramente se remonta a mi niñez en aquella cocina en la que mi padre, en Invierno, me enseñaba a leer – a mis escasos tres añitos – tanto artículos de un diario como cuentos profusamente ilustrados, mientras mi madre atendía a sus cazuelas y sartenes en un ambiente cálido y familiar.
Me consta que, bastantes escritores famosos – y compositores también -, trabajan en varios proyectos a la vez sin esfuerzo añadido. Tan solo es cuestión – ahora sí – de un poco de organización en cuanto a nombres, fechas y personajes(en el caso de una novela), que nos permita (a un solo golpe de ratón) acceder al “currículo” real o imaginado de cada uno de ellos en todo momento, al tiempo que unos prácticos post-it virtuales nos presenten al instante, resumidas, las ideas que se nos han ido ocurriendo para mas adelante y de las que podamos echar mano cuando las necesitemos.
Incluso algunos de esos escritores hiperactivos han manifestado en mas de una ocasión que, de no poder simultanear varios trabajos, se verían ante el muro de la sequedad de ideas, puesto que el cambio temporal de estilo no solo estimula su imaginación y pone las neuronas en su sitio, sino representa un descanso frente a la monotonía, el gran enemigo mortal de todo plumífero.
Seguramente la frase de la que hemos sacado el tema para este artículo iría mucho mejor para todo lo relacionado con la burocracia o las oficinas – que, sí precisan de un orden escrupuloso –, que para cualquier profesión liberal, en las que un “cierto” desorden dentro de un orden se hace casi, casi, imprescindible, para no acabar en las garras del “mas de lo mismo”…