¿Es necesario que haya tantos imbéciles?

Ya sé que tiene que haber de todo… pero es que son tantos… que son demasiados. Tontos, imbéciles, vanidosos, egocéntricos, prepotentes y… inseguros. Tan inseguros que si nos dejaran ver un milímetro de su interior todos nos pondríamos a llorar.

Compadeceríamos a todos esos y todas esas que, subidos en su pequeñísimo esclafón de poder logrado a golpe de humillación, se dedican a devolver toda la amargura que los ha convertido en seres despreciables.

Por eso se comportan así con sus subordinados, porque han sido sometidos y necesitan someter a su vez a otros. A lo mejor creen que así les duele menos.

Cuando los veo, siempre pienso: qué suerte tengo, nunca seré como ellos. Aunque nunca logre eso que tantos consideran un triunfo amplio y que a veces toca pagar con la propia identidad y la dignidad.

Ya no pueden ser más que seres torturados impartiendo venganza de un modo injusto y arbitrario. Se perdieron en sus carguitos…