Cuestión de fondo

Crítica,reflexión y conclusiones

La Deuda Pública

Existe una cuestión en política que me desagrada profundamente y, que para colmo, se ha ido expandiendo a pasos agigantados. El simple hecho de trasminar el lenguaje por debajo de eufemismos y demás subterfugios viles es un grave error, -más para una sociedad como la española-, acomodada en la fácil y molesta parsimonia.

Según el informe publicado ayer por ABC, los jóvenes españoles no estamos siendo educados en una sociedad que promueva la cultura o la innovación ¿A alguien le extraña eso a estas alturas del cuento?. Las continuas reformas en la ley de educación o la transferencia de la misma a cargo de las comunidades autónomas ha secundado la precipitación de la educación en un vacío legal e intelectual- si me permiten la expresión-. La dichosa lucha de llamar las cosas de una manera diferente con el objetivo de vender peras por patatas, ha conseguido que cada día seamos menos competitivos en el mercado laboral y que haya una fuga de talentos en nuestro país.

Me sorprende ver como la Ministra Bibiana Aído, titular de un cargo ministerial, sea capaz de decir que “abortar no supone acabar con una vida humana”. Fatuidades las justas señora ministra. Menos mal que en esta embestida contra el sentido común sale la Ciencia y recuerda a la ínclita ministra que el feto es un ser humano. ¿Qué sociedad estamos generando señores? ¿ No se dan cuenta la magnitud y el peso que tiene el lenguaje?

Ante tal estupor cabe señalar otro papel del lenguaje, que no es otro, que la capacidad para dar coherencia y legitimidad a lo que decimos. Si nos empeñamos en decir A pero en realidad decimos B ¿Cómo van a creer en nuestras palabras?. El ejemplo más sencillo lo hemos visto hace unos días con las Primarias Socialistas en la Comunidad de Madrid. El señor Zapatero aportaba un total respaldo a Tinidad Jiménez. Una vez finalizadas las votaciones salió su díscolo Tomás, y utilizo el adjetivo posesivo “su”, porque parece ser que ahora no se acuerdan de la tensa reunión que mantuvieron en la Moncloa, ni de la enemistad visible que se mostraban uno y otro. Y van más allá, trascienden esa barrera y discurren la posibilidad de integrar en las listas del PSOE Madrileño a la señora Jiménez. ¿Para qué hay primarias entonces?

Esta es la verdadera deuda pública a largo plazo, la negación de la coherencia por la incoherencia, el rechazo de valores por especulaciones y de la deshumanización intelectual por el humanismo cultural. Queden advertidos que la manipulación del lenguaje es nefasta para la humanidad.

A. Patiño