Alsasua y Arralde. De nuevo la vergüenza.

Otra vez Garzón, inasequible al desaliento, reforzado quizás por los ánimos recibidos tras su llamada a declarar, ha vuelto a sembrar la alarma social entre muchos españoles. Porque alarmante es, que apoyándose en la aparente imposibilidad de achacar a batasuna, la convocatoria de un homenaje a presos etarras, los haya consentido.

Pero es que además, para reforzar más el puntito de sarcasmo contra esa mayoría de ciudadanos, que vemos con auténtica repugnancia, que se exalte a asesinos que hacen del terror y la muerte un argumento ideológico. A la vez que permite tamaño desatino, ordena a las fuerzas del orden que se adopten las medidas necesarias para evitar la posible comisión de delitos de enaltecimiento del terrorismo

¿Qué mayor enaltecimiento que reunirse a brindar en honor de terroristas condenados y confesos?

En cada sonrisa cómplice, en cada mención a cualquiera de los homenajeados, hay un insulto y una vejación a la memoria de los caídos por defender el Estado de Derecho, de ese irracional y totalitario izquierdismo aberzale que mantiene vivo en Vascongadas el espejismo de la opresión del pueblo vasco.

Con cada gesto de debilidad, con cada incoherencia judicial, se refuerza a este hatajo de sicarios del miedo y a la minoría cobarde que los apoya, así como a otros nacionalismos menos radicales, que sacan tajada política de su existencia.

No es de recibo que en pleno siglo XXI, en una democracia que en su día realizó un esfuerzo de generosidad por parte de todos los españoles, para nacer sin ira, se siga manteniendo desde la mayor de las irresponsabilidades un quiero y no puedo, melindroso y culpable, entre muchos de los que llevan implícito al desempeño de su función, la de velar por la seguridad jurídica de la ciudadanía.

Una vez más, gracias a la cómoda discrecionalidad de un miembro de la Audiencia Nacional, las víctimas han de sentir tristeza e impotencia, ante la tremenda ingratitud que significa para ellos, este tipo de actos.

Ignoro si en la petición de Dignidad y Justicia para que este público bochorno no sucediera, ha existido defecto de forma. Lo que es innegable, es que no hay ni por asomo defecto de fondo.

Decía Sartre sobre la dignidad: Lo importante no es lo que han hecho de nosotros, sino lo que hacemos con lo que han hecho de nosotros. Quizá debamos tenerlo en cuenta.