No nos dejeís solos.

Esa es la última llamada de angustia de uno de los treinta y seis pescadores, que desde el 2 de Octubre, esperan y confían en que el Gobierno de España, ponga medidas que posibiliten su regreso a casa.

Ya en su día, detenidos dos de los secuestradores, el numerito del juez Garzón pidiendo que le llevasen a su juzgado, resultó chocante. Paso a grotesco, cuando Pedraz, comenzó a deshojar la margarita de “lo juzgo yo, lo juzgas tú” por un quítame unos meses. Pero ahora, tras los últimos hechos acaecidos, puede resultar trágico.

Soy lego en la materia, pero no veo una manera lógica, de que estos dos presos, que se han convertido en fundamentales para la liberación de la tripulación del Alakrana, puedan ser puestos en libertad sin un juicio previo, así que ¿qué hará nuestro Ejecutivo?

Además, insistiendo en mis carencias de estrategia militar, me atrevo a preguntarme ¿cómo es posible, que delante de una Fragata, te puedan desembarcar hasta tierra a tres rehenes? ¿Ineficacia del mando, o imposición negligente del poder político?

No es de recibo que la Vicepresidenta del Gobierno de España, insista en que se trabaja de manera incansable, para lograr la liberación. No puede ser creíble, que el Gabinete de Crisis, este siguiendo a “diario” las circunstancias, a juzgar por la situación. Y resulta vergonzoso, que los familiares de los afectados, aparte de su dolor e intranquilidad, vengan a quejarse de falta de información.

Se mire por donde se mire, esto está resultando una chapuza, como en su día fue el tratamiento que se dio al apresamiento del Playa de Bakio y quizás de esas aguas vengan estos lodos.

Una ministra de Defensa, con dos dedos de frente, no puede responder a la petición de ayuda de unos armadores, negándoles protección y aconsejándoles que se compren cañones de agua. Ni por supuesto, siguiendo la línea de Bono <<antes morir que matar>>, huir de la intervención militar como gato escaldado.

Lo cierto es, que ocho “piratas”, sin preparación y con armamento de andar por casa, se están permitiendo poner en ridículo a un País que lleva a gala, ser uno de los poderosos del orbe, que no solo lo desafían y chantajean, sino que en su desvarío, puede que incluso derramen sangre española, llevados de una cierta sensación de impunidad.

Dijo Martin Luther King: Nadie se nos montará encima si no doblamos la espalda. En este caso, no le hemos hecho caso.