Adios D. José luis

A los 87 años, cansado de luchar, cumpliendo el ciclo a los que todos estamos obligados, nos ha dejado un magnífico actor, capaz de asumir cualquier riesgo interpretativo y magnífico intérprete de las carencias, bondades, malicia y generosidad de todo ser humano.

No puedo hablar de él como persona, no tuve la suerte de conocerlo y no han de faltar familiares, amigos y generosos hagiógrafos dispuestos a hacerlo. Tampoco debo, no soy un entendido, comentar sus dotes como actor. Ya hay muchos, que desde que se supo la infausta noticia de su muerte, con conocimiento de causa y con la venia que les confiere estar en el mundillo del celuloide, se encargaran hasta la saciedad, de hacerlo.

¿Entonces, se preguntaran, a qué escribir estas líneas? Pues sencillamente, porque ese hombre polifacético, histriónico, dramático, me ha hecho llorar y reír múltiples veces y lo menos que le debo es la gratitud de mi recuerdo y el homenaje de mi admiración.

No solo nos ha llevado a más de una generación de españoles, a conocer por su buen hacer, los recovecos del alma, nos ha llevado de su mano por la realidad de una España para muchos impensable y que solo de lejos y difuminada, se vislumbra en series de éxito innegable como Cuéntame.

Con él, hemos sido tantos personajes, hemos recorrido tantos paisajes y situaciones, que cuesta mucho, si hubiéramos de hacerlo, quedarnos con uno. No cabe duda que para muchos Adela o Juan en Mí querida señorita serían su decisión, pero han sido tantos y tan diversos, que allá cada cual con su elección.

Pero mi pregunta es, ¿habrá recibido durante “esa larga enfermedad” que ha acabado por llevárselo a la tumba a sus ochenta y siete años, solo la décima parte de lo que ahora le espera a su memoria?

En estos dos años que van desde el estreno de ¿Y tú quién eres? ¿Habrá tenido además que el calor y la compañía de sus allegados, la de los centenares de amigos que hoy ocupan los medios para revalorizar su recuerdo?

Sinceramente, espero que así haya sido, porque como decía García Márquez, la muerte no llega con la vejez sino con el olvido y él, no creo que mereciese ni la agonía de sentirse olvidado.

Vaya pues, con estas líneas mi gratitud y una oración porque descanse en paz.