Don Vito y la EPA

A escasas horas de que la Encuesta de Población Activa, venga a refrendar los más negros horizontes para la salida de la crisis. ¡Cómo serán! Que hasta el optimista irredento, el del máster de las dos tardes y sempiterna sonrisa, ahora se da árnica y reconoce que vamos bien, pero despacio.

Cuando el cinismo de una derecha nacionalista y mercenaria, llamando responsabilidad institucional, a lo que siempre se ha conocido por poner la mano, ha permitido que las enmiendas a la totalidad de unos presupuestos que todos saben perversos. Viene el Portavoz del Partido Popular en la Autonomía de Valencia y le hace un agujero nuevo a la Gürtel que es como los alemanes llaman a las correas.

Me empieza a dar pena el leonés impasible, ese inquilino monclovita de improvisación y “afoto”. ¿Mira que si el brujo Pepe, además de fastidiar a Ronaldo, está jorobando a nuestro Presidente sostenible?

Así que desde la denuncia del edil despechado, y a medida que la instrucción de Garzón, el criticable papel de la fiscalía y las filtraciones a determinados medios, de sabrosos fragmentos de sumario, permitieron al fin, aparcar un poquito lo de la foto de las Azores y la guerra de Irak a los señores socialistas y castigar a la oposición popular, con el látigo de la moral y de la ética. Nos salen ahora, los hombres de Camps con el típico y añejo ¿Y tu más?

Ahora resulta, que Moncloa también entro en la famosa red y que se pueden mostrar contratos con empresas relacionadas con el Don Vito de la caja B, pes si es así, me alegro. Por lo menos nos entretendremos con los desmentidos y los fuera de contexto de muchas declaraciones.

Pero por desgracia, tanto este asunto, como el de El Ejido y tantas decenas de Ayuntamientos, o Fundaciones como la del Palau e incluso presidentas autonómicas como la señora Munar, lo único que nos viene a confirmar es que aquí Hamlet, hoy por hoy, no aguantaba ni diez minutos.

Y lo malo, es que los españoles, ante tanta basura, tanta desvergüenza y tanto guante blanco, a lo sumo, nos limitamos a pensar que todos son iguales y a creernos que lo que está ocurriendo es un mal necesario.

Pues no. Lo que ocurre es que por múltiples razones, hemos entregado nuestra soberanía sin prevenir un buen sistema de inspección y control. En el ¿quien vigila al que vigila? Radica el problema.

Decía Henri Dominique Lacordaire: El hombre honrado es el que mide un derecho por su deber. Miro a nuestros políticos y perdónenme, veo muy pocos así.