Ha sido noticia. Un nigeriano que vende pañuelos en los semáforos, ha devuelto una cartera perdida que contenía unos 3000 euros. Otras veces, lo han sido taxistas o viandantes, que tras hallar objetos de valor, o billetes de banco, los han entregado a pesar de que, de quedárselos, difícilmente serían descubiertos.
Yo soy el primero en sentirme satisfecho por su civismo. Pero en cierta manera, en mi parcela de ser humano, me entristece que una conducta ética, acorde a unos principios morales que nos deberían ser propios, llamen la atención, hasta el punto de considerarse noticiable.
Se que muchos al leer estas líneas, me tildaran de ingenuo o simplemente consideraran una estupidez, esperar que los seres humanos nos comportemos como tales. Les faltará tiempo, para sacarme a relucir aquello tan manido de “el hombre es un lobo para el hombre” y me mostrarán cualquier página de sucesos, para demostrarme lo animales que podemos llegar a ser. Y tendrán razón. Pero a mí, me quedará la opción de apoyarme en sucesos como el que nos ocupa, para insistir en que a pesar de todo, hay que tener esperanza.
No hay que ser ninguna lumbrera, para darse cuenta de que Dom Amby Okonkwo, que así se llama el “sin papeles” que nos ocupa, difícilmente podrá ver junta, una cantidad igual o parecida a la devuelta, y no faltará quien le tilde de tonto por su actitud.
Él sin embargo lo tiene claro, eso no era suyo, de no haberse tratado de una cartera que podía contener documentos, ni la habría cogido. Por supuesto, ni se le pasó por la cabeza abrirla, simplemente buscó un policía y la entregó.
Así de fácil, así de simple, así de sencillo. Y sin embargo, en pleno siglo XXI, a nosotros, ciudadanos del primer mundo, esclavos de la prisa y la competitividad, egoístas, insolidarios y cada vez más deshumanizados, nos sorprende.
¿Cómo lo estamos haciendo tan mal? Nos llama la atención, algo tan elemental como la honradez. Así nos va luciendo el pelo.
Dom Amby Okonkwo, a pesar de subsistir a duras penas, con lo que saca de su ocupación, aún tiene ganas de sonreír, aún tiene fuerzas para ser amable y ha demostrado su calidad humana. Es un “sin papeles” ¿Y qué? Mucho peor es lo nuestro, que los estamos perdiendo.


