
(foto copiada de www.renzogiraldo.com)
Perdonen la brutal honestidad. Después de ver hecha añicos nuestra esperanza de clasificar a un mundial con un rotundo 6-0 en Uruguay, y tras largos tiempos de peruano oprimido arrastrando la ominosa cadena de la derrota, he decidido dejar de ser un peruano optimista. Ya no me afectará vernos caer derrotados, leer nuevas historias de políticos corruptos o preocuparme de si los futbolistas se van de juerga. Las coimas, las combis asesinas o los tombos bamba serán mi catarsis, simplemente serán estímulos de una comedia irreal que no me afectarán porque ya no espero nada. Lo siento por mí porque soy una persona terriblemente positiva, tanto que pensaba que ganaríamos a Uruguay sin despeinarnos, y mira… plofff… seis pepas. Qué lamentable ver al entrenador de Perú (al Chemo del Solar) gritarle a sus jugadores que “son unos cagones” en pleno partido.
Perdón si hoy hiero susceptibilidades pero el Perú me deprime.
Recuerdo haber coincidido hace unos años en un avión Barcelona-Lima con un tipo depresivo pero interesante, peruano, músico, de unos cuarenta años. Hablamos casi todas las horas del viaje sobre nuestras vidas y el Perú. “Estuve a punto de suicidarme en Suiza”, me dijo. “Pero antes le voy a meter juicio a unos empresarios que me estafaron”. Pobre hombre. Había compuesto una obra maestra con sangre, sudor y lágrimas, y le robaron la autoría y nunca le pagaron nada. Típico del Perú. Triste destino para un ser depresivo haber nacido en el Perú.
A mí en cambio mi país me desencantó por partes pues como dije, era alguien sospechosamente optimista. La primera frustración fue cuando acabé la universidad y luego de un largo proceso de selección conseguí mi primer trabajo en una agencia de publicidad. “No te vamos a pagar nada”, me dijeron. “Eso sí, tienes derecho a que te devolvamos tus gastos de combi, asi que pide tickets siempre”. Con esas espectativas sería un eterno mantenido de mis padres, pero había que estar orgulloso porque “chamba es chamba” y es bastante yuca que te elijan entre miles de candidatos.
El segundo desecanto fue cuando creía que había conseguido un buen puesto de practicante (o becario) que me abriría las puertas a una carrera en una empresa seria. “Te podemos hacer un contrato fijo”, me dijeron, “Eso sí, nunca serás nadie a menos que yo me muera, porque soy tu jefe y no te pienso ascender”. Dudé si quedarme o no. Pero por suerte pudo más mi voluntad aventurera para alejarme del Perú y probar suerte en Barcelona.
La verdad es que lo dejé todo y empecé aquí desde cero.
Lo peor de todo es que ser un peruano como yo (de esos que escribimos lo que pensamos, y pensamos que el pisco es tan chileno como peruano) es sinónimo de ser un peruano traidor. Me siento un poco Pepe Rubianes. Vivir fuera y quejarse de las miserias de mi país parece ser cruel porque el que está adentro sufre más (pero no se queja). Hay golpes en la vida, tan fuertes, golpes como del odio de Dios, como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara perpetuamente en la portería de la selección peruana. ¡Yo no sé!
Glosario para leer esta huevada
coima = soborno
combi = transporte público privado en perú
tombo = policía
bamba = pirata, no auténtico
pepas = goles
cagones = caca
chamba = curro
yuca = difícil
huevada = chorradita


