De mi reflexión sobre las palomas debo decir que he sido muchas veces un palomo despistado, un palomo ciego enfrentado al desplume íntimo de algunas aves de paso que me revolotearon sin darme cuenta. Si no se me entendió nada me refiero a que las chicas malas existen, esas que se les ve el plumero y dan el primer paso, y que cuando se cruzan con individuos despistados y algo lentos -incluso lornas- como yo, pueden ocasionar situaciones extremas.
A mí me pasó que a esta guiri le toqué una teta de casualidad (podría decirse que yo di el primer paso). Estaba en un nit bus de Barcelona repleto de gente yendo a mi casa a las tres de la madrugada, así que al intentar asirme al respaldo de una silla para mantener la estabilidad, me así -si así se dice- a una teta. Al darme cuenta de mi vergonzoso error, subí mi mirada para disculpar con mi rostro aquel desliz. “Perdona, estoy medio dormido y confundí la silla con tu teta”, quise decir con mis ojos apagados por el cansancio y una sonrisa cuarto menguante de disculpas.
La guiri era una rubia ojos azules guapa guapa sentada encima de un chico dormido que podría ser su novio borracho. Eso explica por qué su teta estaba a la altura del respaldo de un asiento. No me miró con cara de odio ni despertó a su gil para partirme la cara. Me miró más bien con cara de sobresalto, enrojecida, y volvió a tomar la misma posición del accidente como susurrando “sigue que me gustó”, escena parecida a cuando los perritos piden mimos poniéndose panza arriba. Pero claro, una cosa es el habla, y otra la telepatía, como lo son las indirectas y las directas, así que para alguien tan lento como yo a quien nunca le pasan estas cosas, todo debía ser imaginaciones mías.
Puse mi mano en el respaldo de la silla. Pocos centímetros la separaban de su cuerpo reclinado sobre el mismo respaldar, pero esta vez la chica se deslizó lentamente hacia mí y se comió mi mano con sus pechos. Mi mano atrapada no supo qué hacer hasta que después de unos instantes mi cerebro (estuvo rápido) dio el visto bueno para juguetear con sus nuevas amiguitas (las tetas de la guiri). Cada curva del trayecto de ese glorioso nit bus era un goce épico. Mis ojos estaban cerrados. Cerrados por cobarde para no cruzar miradas con esa atrevidísima pasajera con la que mis dedos intimaban , y sobre todo para argüir un “es que estaba dormido” por si el novio despertaba e increpaba mi osadía.
El toqueteo, los roces y algunos besos ocasionales a mis manos fueron eternos. Tan cercano fue el acercamiento que terminé por inclinar mi cabeza hacia ella hasta tocar su frente y así acercarme a la zona cero del respaldo. Ella me “dejó pasar” más cerca y besó mi cuello, mirando de reojo a su compañero (que espero que haya sido su hermano o como mucho un primo).
Y colorín colorado como amantes espontáneos que se enamoran en una parada de bus, la bella guiri se marchó como en una aureola de estrellitas, arrastrando a su gil del brazo. Me miró con cara de “lástima, me tengo que ir, pero me encantó conocerte”, y lanzó un último beso volado. No tuve tiempo de darle mi móvil, ni siquiera cruzarle una palabra. Fue una frustración no poder hacer nada más. Quería acompañarla, abrazarla, contarle mi vida, escuchar la suya, pero su acompañante era un obstáculo importante, y mi timidez también.
Si lees esto y eres esa guiri de la línea 3 del nitbus, dime algo, ahora el que tiene novia soy yo, pero será bueno saber algo de ti.

