Detenido por un policía falso

La increíble historia del Tombamba
(tombo = policía, falso = bamba)
De todas las veces que me detuvo la policía de tránsito en Lima, guardo un especial recuerdo de la vez que me paró un tombo falso (que podríamos llamar el “tombamba”). No me acuerdo las circunstancias exactas, pero iba hecho un pedo por la avenida del ejército y me pasé una luz roja descaradamente sin darme cuenta.
Escuché un pito y al mirar por el espejo retrovisor vi a un policía alzar los brazos airadamente indicando que me detuviese. Supe que era yo porque los demás coches habían respetado la luz verde y era el único en la pista, así que tuve que frenar.
Para quien no lo sepa, en Lima a los policías de tránsito se les pagaba en efectivo un importe pactado entre él y el infractor que comúnmente se llamaba “coima” (soborno). Había opción de no pagar “coimas” y pagar la multa en un banco, pero era una pérdida de tiempo y dinero, así que el sistema se prestaba y todos contentos, salvo si eras un conductor con un mínimo de honestidad que rehuía la idea de sobornar a un policía. Yo era uno de esos (tonto yo), así que la historia fue masomenos así:
- Buenas tardes caballero, se ha pasado la luz roja – dijo el poli
- Sí, es que estaba un poco distraído y tengo que estar en un sitio pronto – dije
- Voy a tener que ponerle una multa – me dice
- Póngamela. Me la merezco. – dije
Aquí el policía cambió de cara. No es normal que alguien responda “Póngame una multa”. Una respuesta más acorde sería “Jefe, ¿cómo podemos arreglarlo?” o “Justo me sobran 5 soles”.
- Caballero, la multa por infracción de luz roja asciende a… déjeme ver mi libretita… a ver…. doscientos setentas soles.-
- ¡Qué caro! ¿Pero puedo pagar noventa soles si pago los primeros 15 días no? – pregunté.
- Sí, pero noventa soles sigue siendo caro. Y piense que si se olvida, tendrá que pagar doscientos setenta soles… Miré mi libreta. – Se apoyó sobre la ventana del copiloto y me enseñó la tabla de multas dejando claro que me iba a salir caro no dar mi brazo a torcer. Pero así era yo. Jodidamente ético.
Al ver su uniforme, me di cuenta que no llevaba su insignia de policía.
- ¿Dónde está su placa oficial? – le pregunté
Puso cara de “a ver qué historia me invento”
- Este…. La lavadora – me dijo – Destiñe… –
- ¿La lavadora ?
- No mira hermanito, lo estoy ayudando a mi primo.- empezó a confesar con toda conchudez – Me ha prestado su uniforme, pero él si es policía porsiacaso… -
- No me jodas … – La escena daba risa (y pena). Me había detenido un tombo bamba que ayudaba a cazar el máximo número de conductores con su primo. No pensaba pagarle un céntimo.
- Espérate – soltó un sílbido a su primo – ¡Ven apúrate! –
El tombamba llamó al policía verdadero pensando que todavía podría sacarme unos soles. Al llegar, le indiqué amablemente que su primo no tenía insignia, que era ilegal, y que no pensaba pagarle ni un duro. Los polis me estuvieron floreando un buen rato con “que la crisis”, “que no alcanza el sueldo”, “que a mi primo no lo aceptaron en la policía por idiota pero es buena persona”. Como último intento trataron de venderme una rifa de la policía de cinco soles (Para quien no lo sepa, las rifas de policía son la fórmula perfecta en Lima para disfrazar una coima, y funciona con conductores honestos que no se atreven a ofrecer sobornos), pero no acepté y me fui feliz de la vida. Ni un sol para los tombos.
Esto lo tengo que escribir carajo” – pensé – “Me paró un policía falso. Chesu”.
Tardé, pero juro que esta historia es 100% real.