“No hay nada como Mamá, no hay nada como mamar”.
La lactancia materna es el primer acto de la soberanía alimentaria.
Mamar es un derecho genético de todo niño recién nacido.
Amamantar a su recién nacido es una obligación sagrada, un placer insustituible y un derecho humano de toda Madre.
Ningún tabú, ninguna convención social, ni ningún interés económico pueden violar este derecho femenino, cuyo respeto condiciona la autenticidad de nuestro humanismo.

