Hubo un tiempo en que me tuve por progre. Mejor dicho, en que tuve por progres a los que se dicen tales. Pero de vez en cuando surge alguna noticia, de esos progres, que me hiela la sangre. ¿Cómo he podido creer en ellos -me pregunto- y pensar de buena fe que yendo con ellos iba bien? Me da frío pensarlo. Viene esto a cuento de la noticia que he leído hoy en El Pais en el apartado Opinión. Me ciño al asunto. Criticaba el escribidor la intención del gobierno actual de cambiar la ley del aborto. Nada diré al respecto de ese punto concreto, pues ya lo he dicho en anteriores entradas. Lo que me dio escalofríos fue la tranquilidad con que el tal hablaba del que llamaba derecho de la mujer a su sexualidad y a su maternidad y aclaraba que esos derechos son sagrados y que contra los que dicen defender el “derecho a la vida” del que ha de nacer, el feto no tiene derechos que valgan, pues aún no es persona. Asusta la frialdad con que se lo dice. El feto no es persona porque al parecer no tiene entidad jurídica, a lo llano, no existe (civilmente), es un cero, no vale. Puede que sea verdad, si de tecnicismos se trata, pero de aceptarlo vamos a dar de lleno en lo que defendían los nazis, que pueda haber seres humanos que no son personas, simplemente, que no sean nada, que se les pueda hacer lo que uno quiera, matarlos, exterminarlos, gasearlos, castrarlos, tirarlos a la basura, son objetos, pedazos de materia bruta, no cuentan. Me opongo y reniego de semejante progreso. No soy progre, no quiero serlo, ab renuncio, demonio, me bajo de este tiovivo, no quiero saber nada. Para mí el ser humano es sagrado desde el mismo punto y hora en que el esperma penetra en el óvulo, desde ese punto y hora ya existe, ya vale, ya se lo ha de respetar como -se supone- se ha de respetar a cualquier adulto al que se le reconocen los “Derechos Humanos”. ¿Qué es eso del derecho de la mujer a su maternidad, a su sexualidad? Tan pronto el hijo ha sido concebido, ya no cabe hablar del derecho a él de la madre, ya existe aparte de ella, ya no es de ella, ya es alguien aparte. ¿El derecho a la sexualidad? ¿El derecho a follar sin concebir? Nunca será un derecho, sino una opción. Lo hará quien lo quiera, pero no porque sea un derecho, sino porque vivimos en un entorno social tal que caben en él semejantes engendros, semejantes disparates, semejantes aberraciones. Semejante corrupción de los valores. O ausencia de ellos. Como se quiera. Semejante inhumanidad.

